WALKIE: EL INICIO

Autor: Neverluke.

SINOPSIS:
Al poco tiempo de haber terminado su relación con Sofía, Leo acepta el consejo de su mejor amigo sobre tomarse un necesario descanso para acomodar y reflexionar todo lo que está sucediendo en su vida luego de haber concluido la universidad.
Una cabaña en las afueras de San Buenaventura parece ser el lugar perfecto para encontrarse con una mejor versión de sí mismo. No necesita estar en contacto con el mundo exterior por salud mental.
La señora Aguilar, dueña de esa agradable cabaña, sólo podrá comunicarse con su inquilino mediante un ‘walkie-talkie’. Pronto, Leo descubrirá que no es la única persona con quien puede comunicarse.

Capítulo 4:
¿Puedes escucharme?

Leo se asomó por la ventana de la sala para asegurarse que la Señora Aguilar ya se había retirado por completo de los alrededores de la cabaña. Cerró bien la cortina y exhaló fuertemente, sabía que estaban dando inicio esos días muy importantes para sanar todo lo que traía consigo, y quería esforzarse en dar lo mejor de sí para aprovechar al máximo su estancia en Valle de Terrón. Tomó su celular, lo apagó y con una sonrisa en el rostro comenzó a dar pequeños pasos recorriendo todo el primer nivel de la cabaña.

Una hermosa sala color verde recibía a cada inquilino, tenía un aspecto antiguo pero estaba perfectamente bien cuidada. Una pared con textura diferente era la vista de los sillones, y una chimenea falsa hacía lucir todo detalle como un lugar muy tranquilo. De ambos lados de aquella pared, dos grandes ventanales protagonizaban la escena, un amplio bosque era lo único que podía percibirse a través de esos enormes cristales; y del lado izquierdo de la casa, sin alguna separación, estaba la cocina más limpia y pulcra que Leo  había llegado a ver.

Del otro extremo, unas escaleras indicaban el segundo nivel y un espejo de varios años de antigüedad ocupaba una pared junto a la puerta principal con un perchero de alguna otra época. Leo tomó su maleta y subió.

Dejando el último escalón detrás de sí, había un enorme pasillo con un ventanal al fondo, caminó para encender la luz, ya que el día no alumbraba lo suficiente desde el final del pasillo. Abrió la primera puerta de su lado izquierdo y sonrió al ver la recámara principal.  Tenía un aspecto antiguo pero acogedor, a Leo le encantaba la idea de pasar días ahí, y a pesar de que los muebles lucían un poco desgastados, le hacían sentir mucha comodidad en aquella cabaña.

Dejó su maleta sobre la cama, y salió de la habitación para continuar explorando el segundo nivel. Habían dos recámaras más, las cuales lucían muy similares a la principal, pero eran más pequeñas. La cabaña era un lugar al que solían acudir en grupos de amigos y era bastante amplia, abrió las puertas de algunos armarios sólo para revisar un poco, y a pesar de que las paredes estaban cubiertas con un tapiz que no era de su agrado, Leo no se quejaba en lo absoluto.

Continuó con su recorrido, descubrió el baño con una tina muy antigua y un espejo sorprendentemente limpio. Al salir de ahí, era inevitable ver en la mitad del pasillo, en el techo, una pequeña puerta que indicaba la entrada a un ático. A Leo le causó mucha emoción estar en un lugar que tuviera ese espacio extra, ya que era muy extraño que aún hubiera casas diseñadas de esa manera. Sin embargo, se prometió a sí mismo no intentar subir a husmear en algún momento.

Leo regresó a la habitación principal para acomodar las cosas que había llevado en su maleta. Al terminar, bajó a la cocina para prepararse algo de comer, el día estaba fluyendo de la mejor forma y su tranquilidad podía percibirse a distancia. Subió a recostarse un rato, y encendió la televisión de la recámara, intentando buscar algo que fuera de su agrado.

Al cabo de un par de horas ya había anochecido, Leo se levantó de la cama a cerrar algunas cortinas, y fue inevitable sentir un poco de miedo al ver el exterior, un bosque por la noche le causaba bastante intriga, pero no permitió llenarse de pensamientos catastróficos. Se sentó al borde de la cama, y luego de haber dado un gran suspiro, aceptó que se estaba aburriendo un poco.

–¿Prenderé el celular? –pensó. Pero enseguida consideró que tenía que lograr su idea principal de no hacer uso de él.

Se lanzó hacia atrás acostándose en la cama, y al voltear a su buró vio el walkie-talkie que le había proporcionado la señora Aguilar.

–Un walkie-talkie –dijo Leo con ese tono burlón que sus amigos siempre le mencionaban que era muy característico.

Comenzó a apretar los botones que tenía ese viejo aparato, y al estarlo cambiando de señal dio un pequeño brinco por el ruido que generaba, inmediatamente recordó aquellos años en donde veía a su abuelo cambiar la señal del enorme radio que tenía en su casa, se escuchaba muy parecido a eso, y llegaron a su mente algunos recuerdos de su infancia.

Leo presionó el botón para comunicarse intentando tener contacto con la señora Aguilar.

–¿Señora Aguilar?

Se cercioró de estar apretando el botón correcto al hablar e insistió.

–¿Bueno? ¿Bueno? ¿Señora Aguilar?

Volvió a revisar el walkie-talkie y sonrió al notar el error que estaba cometiendo.

–¡Canal 4! Dijo que tenía que ponerlo en el canal 4, creo –intentaba recordar ese detalle.

–¿Señora Aguilar?

Había demasiado silencio en la cabaña, cualquier mínimo ruido podía ser protagonista de la noche.

–Pues creo que no está por ahí –pensó.

Volvió a cambiar los canales del walkie-talkie escuchando nuevamente ese ruido de señales siendo interferidas. Cuando de pronto, mientras realizaba el cambio, en el canal 7 Leo escuchó un canto casi desapercibido y muy extraño, parecía provenir de una voz infantil.

Ya había pasado al canal 8, pero sorprendido regresó para asegurarse de lo que había escuchado. Sentía en su cuerpo que una sensación de miedo lo invadía de manera instantánea.

–¿Hola? –se atrevió a decir Leo incorporándose en la cama.

El canto era un poco más claro pero se detuvo al escuchar la interacción de Leo.

–Hola –dijo una voz de un niño pequeño por el walkie-talkie.

La piel de Leo se le erizó al escuchar esa voz. Sus ojos se abrieron expresando una sincera sorpresa.

–¿Quién habla? –preguntó Leo titubeando.

–¿Puedes escucharme?

Pero la voz se entrecortaba un poco.

–No te entiendo mucho –contestó Leo.

–¿Quieres jugar conmigo?

–¿Quién habla? –Leo insistió.

–Juega conmigo, por favor.

–¿Cómo te llamas?

–Timmy –respondió el niño.

–Hola, Timmy –mencionó Leo con mucha curiosidad.

De pronto parecía que la señal se había perdido, el silencio nuevamente se había apoderado de la cabaña.

–¿Timmy? ¿Sigues ahí? –Leo intentó volver a interactuar con aquella voz infantil proveniente del antiguo radio.

–Sí –respondió Timmy del otro lado.

–No creo que la señal del walkie-talkie abarque mucha distancia. No debes estar muy lejos. ¿En dónde estás?

–Aquí –dijo Timmy.

–¿Aquí? ¿En algún lado de Valle de Terrón?

–No.

–¿En dónde estás? –preguntó Leo sin entender a qué se refería Timmy.

Los ojos de Leo se abrieron inmediatamente al escuchar la voz en su oído en forma de un susurro muy claro, como si estuvieran hablando a un lado de él.

–Aquí. Contigo.

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