WALKIE: EL INICIO

Autor: Neverluke.

SINOPSIS:
Al poco tiempo de haber terminado su relación con Sofía, Leo acepta el consejo de su mejor amigo sobre tomarse un necesario descanso para acomodar y reflexionar todo lo que está sucediendo en su vida luego de haber concluido la universidad.
Una cabaña en las afueras de San Buenaventura parece ser el lugar perfecto para encontrarse con una mejor versión de sí mismo. No necesita estar en contacto con el mundo exterior por salud mental.
La señora Aguilar, dueña de esa agradable cabaña, sólo podrá comunicarse con su inquilino mediante un ‘walkie-talkie’. Pronto, Leo descubrirá que no es la única persona con quien puede comunicarse.

Capítulo 3:
Miros Aguilar

l agua caía suavemente desde la cima de la regadera hacia los pies de Leo. Un sonido relajante invadía el baño, y la sensación del agua caliente en su cuerpo generaba pensamientos tranquilos en su mente al cerrar sus ojos. Leo poco a poco sentía que las dudas existentes a causa del crecer, se desvanecían lentamente mientras continuaba su baño.

De pronto, una llamada entró en su celular y recorrió la cortina de la regadera sólo para revisar de quién provenía. El nombre de Roy aparecía en la pantalla, y a pesar de estar bañándose, Leo intentó secarse las manos y le contestó escuchando todo en alta voz.

–¿Qué pasó, Roy? –dijo Leo con un tono que reflejaba alegría.

–¿Cómo has estado? Te escucho bien –mencionó Roy con mucho gusto.

–La verdad un poco mejor, amigo. Me he sentido más tranquilo estos últimos días.

Una risa delató a Roy.

–¿Te estás bañando?

Leo continuó la risa de forma inevitable.

–Sí, me metí a bañar hace unos minutos. Ya en una hora me voy a la cabaña que vimos ese día. Estuve pensando todo y sí quise hacerlo, hasta estoy emocionado.

La voz de Leo hacía saber claramente que la tranquilidad había invadido sus días luego de esa profunda tristeza, aunque por momentos no dejaba de pensar en todo lo que había vivido junto a Sofía.

–Verás que te hará muy bien irte estos días, amigo –continuó Roy la conversación.

–Pues… ese sería el punto principal.

Ambos rieron como si sus risas estuvieran sincronizadas.

–Sólo que –siguió hablando Leo– he estado pensando que tal vez lo mejor sea estar desconectado estos días. Ya sabes, apagar el celular en cuanto llegue a la cabaña, y enfocarme sólo en estar conmigo.

–Está perfecto. Es mucho mejor así. Yo sé que te servirá mucho, tal vez hasta empieces a caerte bien.

Leo agradecía cada palabra que escuchaba y que lo hacía reír. Por otro lado, Roy admiraba mucho sus intentos por tranquilizar a su mejor amigo, lo hacían sentir que esa amistad era el refugio perfecto para todo aquello que atormentaba la vida hacia la adultez.

–Te dejo, amigo –comentó Roy. –Voy a seguir trabajando. Cuídate mucho y te bañas bien, ¡por favor!

–Lo tendré en cuenta, amigo. Gracias por llamarme.

Los dos terminaron la llamada con una sonrisa en su rostro. Seguramente se hubieran sorprendido demasiado, si ambos hubieran sabido que suspiraron al mismo tiempo luego de colgar.

Al cabo de una hora, los papás de Leo lo ayudaron para subir su maleta al coche y despedirse. Las palabras que utilizaron para desearle un buen viaje se basaban en la preocupación de que estuviera bien, y que deseaban que esos días le sirvieran para acomodar sus pensamientos respecto a todo lo que sucedía en su vida.

–Disfruta, sólo disfruta –recalcó su mamá, haciendo uso de esa frase que siempre utilizaba cuando se presentaba la ocasión para ese consejo tan certero.

Leo se despidió de sus papás, comenzó a reproducir la lista de música que había preparado la noche anterior y emprendió el viaje hacia Valle de Terrón en su automóvil.

Un poco más de una hora fue el tiempo que tardó en visualizar el letrero gigante y desgastado que indicaba la llegada a Valle de Terrón. La carretera continúo entrando en un bosque y siguió algunas indicaciones desde su celular para llegar a la cabaña. Sin embargo, la señal comenzaba a presentar evidentes fallas.

Al llegar a la cabaña, un automóvil color rojo estaba estacionado en la entrada en donde cabían a la perfección los dos automóviles. Leo se estacionó, y enseguida reconoció al rostro de la señora Miros Aguilar gracias a la foto que ya había observado en la información de la cabaña.

–Buenos días. Leonardo, ¿verdad? –preguntó Miros Aguilar, una señora que rebasaba los 60 años, pero hacía sentir seguridad y confianza en cuestión de segundos.

–Sí, mucho gusto, señora Aguilar. ¿Cómo está?

–Muy bien, gracias. Ha sido una mañana tranquila.

–Iba a llamarle cuando entré a Valle de Terrón pero no recordaba que no había señal en este lado.

–Lo sé, a todos les sucede. Incluso a mí –esbozó una sonrisa agradable–, hay días en los que se me olvida que aquí no funcionan los celulares.

Buscó en una bolsa que llevaba en el brazo izquierdo, y en un instante el sonido de las llaves se hizo presente al sacarlas de la bolsa.

–Te hago entrega de las llaves –mencionó la señora Aguilar y se acercó a la puerta para darle instrucciones sobre cómo se abría, ya que con el paso de los años la madera de la entrada no permitía su apertura con facilidad.

Al entrar a la cabaña Leo se sorprendió muchísimo con todo lo que percibieron sus ojos, su mente se llenó de pensamientos agradables al saber que ahí pasaría los próximos días relajándose.

–Pediste el paquete de la casa sin internet, ¿verdad? –preguntó la señora Aguilar para confirmar lo que había anotado en una libreta que siempre procuraba llevar consigo.

–Sí, por favor. Quiero que mi estancia aquí sea un momento más personal –respondió Leo mientras se paseaba por la sala.

–Lo entiendo –comentó la señora Aguilar mostrando empatía en su tono de voz. –Te entrego también este radio por cualquier situación en la que necesites comunicarte conmigo. Procuro tener siempre prendido el mío en el canal 4, incluso en las noches lo dejo conectado. Por cierto –recordó una parte importante–, te entrego también el cargador de tu radio. Vivo muy cerca de aquí, podremos estar en contacto para lo que necesites.

–De acuerdo, señora Aguilar. Es muy amable. Canal 4 –recordó.

Leo encendió el pequeño radio, lo colocó en el canal 4 y realizó una prueba.

–¿Bueno, bueno? –se asustó al escuchar el volumen en el que la señora Aguilar tenía el radio y luego de confirmar que sí se escuchaba, ambos rieron.

–Creo que sería todo. Disfruta tu estancia.

–Gracias, de verdad le agradezco mucho.

–Estaré al pendiente –y su adorable sonrisa se apoderó de su rostro contagiando a Leo de tranquilidad.

La señora Aguilar salió de la casa, se escuchó su automóvil encenderse, y poco a poco se alejó de la cabaña.

–¡Ja! –rió Leo inevitablemente. –¿Un ‘walkie-talkie’?

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