MAGIA EN NAVIDAD

Autor: Neverluke.

SINOPSIS:
«Deseo que toda la gente vuelva a creer en ti».
Jack, un niño de 6 años, es invadido por las dudas cuando la Navidad está muy cerca: ¿Por qué los grandes dejan de creer en Santa Claus?
Las verdaderas respuestas sólo pueden obtenerse si eres uno de los niños mejores portados; y podrás descubrir desde el Polo Norte, de la mano de Squish y su gran amigo Santa Claus, que creer es lo único que necesitas para tener MAGIA EN NAVIDAD.

Capítulo 4:
Cree


—Así de veloz es el viaje –dijo Santa.

—¡Siempre, siempre, siempre es lo mismo! –se quejó Squish. –Todos se agarran de mis orejas, y tengo que estarlas arreglando en cada ocasión.

—Lo siento –dijo Jack apenado riendo–. ¿Aquí es el Polo Norte?

En un abrir y cerrar de ojos, Santa, el pequeño Jack y Squish ya estaban en la enorme fábrica de juguetes. Demasiados duendes trabajaban por todos lados luciendo muy felices, renos, nieve, muñecos y muñecas de todo tipo.

—¿Esta es tu fábrica, Santa? –preguntó Jack asombrado.

—¡Sí! –respondió–. Todos los duendes, los renos y cada ser habitante de esta villa se reúnen en la fábrica cada Navidad para ayudarme a hacer todos los regalos y que estén listos para repartirlos. ¡Y la señora Claus está por allá!

—Vivir aquí es lo más increíble –continuó Squish–. Pero en diciembre todos nos volvemos locos. ¡Hay demasiado trabajo!

—El 24 de diciembre es el día con más trabajo. Todo debe estar listo para cuando la noche llegue y los duendes tienen mucho por hacer. Ven conmigo, Jack. Acompáñame a revisar que todo esté en orden. Squish, puedes venir con nosotros.

La fábrica de Santa lucía increíble. Jack no podía creer que toda esa magia pudiera estar dentro de la fábrica. Y por fuera, la villa era espectacular. Las luces alumbraban el cielo extraordinariamente. A Jack le parecía fascinante ver tantos renos por todos lados, muñecos de nieve, duendes trabajando pero todos divirtiéndose mucho.

—Aquí es el lugar perfecto. ¿Por qué el mundo allá no puede ser así? –preguntó Jack.

—La Navidad, pequeño Jack, depende de muchas personas que quieran compartir lo buenas que son –respondió Santa–. La magia podría estar en todos lados, pero son ustedes quienes deciden cómo hacer un mundo mejor.

—Incluso allá pareciera que sólo en Navidad la gente quiere ser buena –agregó Squish.

—Pero yo soy bueno todo el año, ¿verdad, Santa? –mencionó Jack.

—¡Pero claro! ¿Tú crees que cualquier niño tendría la oportunidad de conocerme y además conocer mi fábrica?

Y Squish carraspeó su voz.

—Bueno, y también la oportunidad de conocer a Squish o a cualquier duende –agregó Santa–. ¿Por qué te causa tantas dudas la Navidad, Jack?

—No entiendo por qué la gente deja de creer tan pronto en ti. Se vuelven grandes y es como si tu magia desapareciera. Hay quienes preguntan muchas cosas como yo.

—¿Muchas cosas? ¿Cómo cuáles?

—¿Por qué a los niños de la calle no les traes nada? –preguntó Jack muy preocupado.

—Porque en Navidad todos debemos ser buenos, no puedo ser sólo yo quien se luzca dando los mejores regalos. Y sinceramente quiero que sean ustedes quienes hagan llegar cosas a esos niños –contestó Santa tranquilamente–. La Navidad se trata de una enorme cadena de buenas personas. Y la lección es más grande para ustedes si son ustedes mismos quienes se encargan de llevarle regalos a los niños de la calle.

—Yo cada Navidad regalo juguetes y ropa a los niños con mi papá.

—¡Claro! Bernardo aprendió muy bien la lección. Recuerdo mucho aquella plática que tuve con él y me prometió que siempre haría esas buenas acciones. Es bueno darnos cuenta que ahora también te ha unido a ti a realizar esas actividades –sonrió Santa.

—¿También tuviste esta plática con papá? –se sorprendió Jack.

—Bernardo ha sido uno de los niños más brillantes que he conocido. Y sí, él también conoció nuestra villa y la fábrica.

—¡Cómo olvidar la cara de Bernardo cuando estuvo aquí por primera vez! –mencionó Squish.

—¿Primera vez? ¿Ha venido más veces? –abrió los ojos–. ¡Santa! ¿Podré regresar más veces? ¿Esta no será la única vez que venga?

—Las personas buenas pueden volver las veces que quieran. Recuerda que cada año tienes la oportunidad de demostrarnos lo bien que te portas. Y tu mejor regalo claro que puede ser que vengas de visita. Y ahora ya sabes que Squish te observa todo el tiempo.

—Me gustaría venir siempre. Yo cada Navidad pienso mucho en cómo repartes todos los regalos. Y me hace muy feliz despertarme para ver mis juguetes.

—Mi magia lo puede todo –dijo Santa–. Es un verdadero reto llegar a todas las casas cada Navidad, pero me divierto mucho. Y por cierto, me encantan las galletas que siempre dejas para mí.

—¿De verdad las has probado?

Jack no dejaba de asombrarse con todo lo que estaba descubriendo aquella noche.

—¡Santo cielo! Hasta yo las he probado, querido. Incluso son muy conocidas aquí en la villa –respondió Squish.

—Las preparo con papá cada año –dijo Jack muy orgulloso.

—Hasta la señora Claus adora esas galletas –comentó Santa.

Mientras seguían caminando por toda la fábrica, muchos duendes se detenían a saludar a Jack. Ellos sabían perfectamente lo mucho que significaba que un niño visitara la fábrica y que sólo los más buenos podían estar ahí.

—Oye, Santa. ¿Por qué la gente grande ya no cree en ti? –preguntó Jack muy intrigado.

—Esa es una excelente pregunta –mencionó Santa muy pensativo–. Mira. Jack. Con el paso de los años, la gente deja de tener esperanza en todo lo que creían cuando eran niños. Parece que la vida se pone un poco más difícil, y de pronto dejan a un lado todas sus ilusiones con tal de crecer. Y creo que ese es uno de los errores más grandes. Pasan los años y se olvidan de todo aquello que los emocionaba de niños. Empiezan a ver la vida tan distinta y se pierden de lo maravilloso.

—¿Por eso la gente grande siempre está tan preocupada?

—Exactamente. Y debes aprender a no dejar de mirar la vida con esa mirada infantil y soñadora que todos tuvieron alguna vez.

—Pero yo también me preocupo por cosas. Y eso no significa que vaya a dejar de creer en ti –dijo Jack.

—Es un poco diferente a lo que mencionas –respondió Santa–. La gente adulta tiene otro tipo de prioridades y preocupaciones.

—Pero entonces –se quedó Jack pensando un poco triste–, si yo crezco, ¿algún día dejaré de creer en ti y ya no te veré nunca más?

—Sólo tu puedes decidir eso, pequeño Jack. Te recuerdo que tu papá no me ha olvidado aunque haya crecido y hayan pasado todos estos años. ¡Y mira qué sorpresa! Ahora eres tú quien está aquí.

—¡Tienes razón! –se animó un poco Jack–. Pero… ¿por qué la gente no puede olvidar todo lo malo aunque sea durante la Navidad?

—Porque hay situaciones que sobrepasan todo aquello que puede causar mi magia. Y las lecciones de Navidad siempre permiten que la gente pueda convertirse en alguien mejor.

—¿Entonces tú podrías llevar felicidad a todos en lugar de juguetes?

—La felicidad se encuentra en las pequeñas acciones con las que puedes mejorar tu día –dijo Santa–. Pero no olvides que con esas acciones también puedes mejorar los días de los demás.

—¡A mí me hace feliz ayudar al General Botitas! –recordó Jack.

—Claro, a eso me refiero.

—¿Tú podrías darle alguna casa o más comida?

—Tú ya me has ayudado con eso todo el tiempo. Las veces que tú has decidido compartir algo con él, es porque la bondad se apodera de ti. Y Squish tiene un papel muy importante ahí, ya que él se encarga de que todo suceda como lo deseamos con nuestra magia.

—¿Pero qué hay sobre una casa? Yo siempre que puedo le doy comida, pero no he podido ayudarlo con una casa –se detuvo Jack.

—¿Me ayudarías a conseguir todos los materiales? –le preguntó Santa–. Tu papá sabe construir casas con materiales muy sencillos, son unas guaridas muy interesantes. De hecho aquí lo aprendió. ¿Ahora puedes notar cómo la magia de la Navidad hace que todo sea una cadena de buenas acciones? Sería un hermoso acto si tu papá y tú hacen una casa para el General Botitas esta Navidad. Yo sé que disfrutarán mucho ese tiempo juntos.

—¡Sí! Le diré que la hagamos.

—Nos divertíamos mucho haciendo casas. ¡Y vaya que aprendió muy bien! –se unió Squish a la conversación quien no dejaba de observar a los demás duendes fingiendo que los supervisaba–. Santa, creo que ya es hora.

—El tiempo pasa volando aquí. Es momento de regresar a casa –dijo Santa ligeramente apresurado.

—Santa, ¿me prometes que no será la última vez que te veré? –preguntó Jack triste.

—Sólo no dejes de portarte bien.

—Siento que no volveré a verte. Y eso me pone triste.

—La Navidad todo lo puede, Jack. ¡Todo! Es momento de despedirnos. Tranquilo, sólo despertarás en tu cama. Aquí debemos continuar con todo para tenerlo listo. Mañana es 24, y el 25 ocurre la magia al despertar.

—Adiós, Santa. Adiós, Squish –se desipidió Jack con una mirada muy triste.

—Seguiré cuidando de ti, muchacho. Siempre estaré contigo –le dijo Squish mientras evitaba que los demás duendes lo vieran llorar.

Y con un poco de magia Jack cerró los ojos para partir de vuelta a casa.

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