MAGIA EN NAVIDAD

Autor: Neverluke.

SINOPSIS:
«Deseo que toda la gente vuelva a creer en ti».
Jack, un niño de 6 años, es invadido por las dudas cuando la Navidad está muy cerca: ¿Por qué los grandes dejan de creer en Santa Claus?
Las verdaderas respuestas sólo pueden obtenerse si eres uno de los niños mejores portados; y podrás descubrir desde el Polo Norte, de la mano de Squish y su gran amigo Santa Claus, que creer es lo único que necesitas para tener MAGIA EN NAVIDAD.

Capítulo 3:
El Polo Norte nos espera


—¿Eres tú? ¿El verdadero?

—¡Claro! –respondió Santa con una voz muy agradable.

—Pero, ¿qué haces aquí? Pensé que estarías muy ocupado con los regalos –preguntó Jack con demasiada intriga.

—Santa siempre tiene tiempo para todos aquellos que creen profundamente en la magia de la Navidad. Esta plática sólo la pueden tener aquellos que deciden seguir creyendo –mencionó tranquilamente mientras sonreía.

—¿Cómo pudiste entrar por la ventana? –dijo Jack.

—Te sorprendería saber todo lo que mi magia puede lograr.

Y de la boca de Santa se escuchó exactamente el mismo sonido de aquel búho que había espantado a Jack.

—¡Wow! ¿Entonces sí eras tú el búho?

—Ahora sólo ayúdame a mantener ese secreto –respondió Santa mientras le guiñaba un ojo.

—Pero no me has dicho por qué estás aquí.

—Squish me informa muy bien todo lo que sucede por acá.

—¿Squish? ¿Quién es Squish?

—Un duende un poco anciano que en ocasiones suele ser bastante travieso y distraído –contestó Santa.

Al terminar aquellas palabras, el cesto de ropa sucia de Jack comenzó a agitarse de un lado a otro. Un duende con canas, barba frondosa y orejas enormes y puntiagudas salió de entre toda la ropa.

—¡Oye! Eso de anciano quédatelo para ti. Uno se ha sabido conservar a sus 1400 años –dijo Squish quejumbroso.

Squish se encargaba de observar cómo se comportaban varios niños. Trabajaba en la fábrica de Santa desde que era pequeño. Era uno de esos seres que difícilmente aceptaría que ya hasta se había encariñado mucho con Jack.

—¿1400 años? Santa, ¿eso es posible?

—¡Le preguntas al menos indicado sobre cantidades enormes de años de existencia! –refunfuñó Squish.

—¿Siempre te escondes ahí? –preguntó Jack.

—Los duendes podemos escondernos perfectamente en los lugares en donde menos podrías imaginarte. Aunque no te diré cuál es mi escondite secreta.

—¿Escondite secreta? Saliste de mi cesto de ropa sucia –dijo Jack riendo.

—¡De acuerdo, de acuerdo! –respondió Squish–. Confesaré que no siempre estoy ahí. Debo encontrar otra escondite –se dijo molesto a sí mismo.

—¿Tú observas cómo me porto?

—Te observo a ti y a varios niños más a la vez gracias a la magia que Santa nos da. ¡Mira esta esfera!

Y de su bolsillo sacó una gran esfera de cristal que difícilmente podría caber ahí, pero con esa magia todo era posible.

—Todos los duendes tenemos una esfera para estar al tanto de lo que ocurre con cada uno de ustedes –continuó Squish–. Y de aquí podemos informarle a Santa para que él también pueda verlos inmediatamente. ¡Mira! Ahí está Oliver. ¡Ese muchacho! –comenzó a reír–. ¡Qué buena travesura está planean…! –carraspeó su voz–. Digo, ¡qué niño tan desobediente! Santa, él no se está portando muy bien.

—Eres muy gracioso, Squish –dijo Jack.

—Sabía que se llevarían muy bien –comentó Santa quien veía todo con una enorme sonrisa–. Aunque ahora que recuerdo –continuó–, Squish, tenías la indicación de no ser descubierto.

—No me descubrió. Técnicamente fui yo quien lo descubrió a él entre tantos niños que debo cuidar.

—¿Cómo que me descubriste?

Jack se llenaba de dudas.

Ups. Santa te lo puede explicar mejor.

—Mira, Jack –respondió Santa con su cálida voz–. Siempre envío a mis duendes para observar de cerca a todos los niños, pero ellos tienen la tarea de avisarme quiénes se portan muy bien. Y tú eres uno de ellos, Jack. Sólo quienes se portan mejor pueden tener la oportunidad de conocerme.

—Aunque es bueno saber –complementó Squish– que «Portarse bien» no incluye «Bañarse diario», porque Santa, si supieras que Jack…

—¡Ya! –gritó Jack riendo–. Prometo bañarme diario.

Santa con un poco de risa continuó.

—Has sido un muy buen niño, Jack. Tu papá está muy orgulloso de ti. Cada noche se va a dormir pensando en darte lo mejor. Y yo sé muy bien que te lo mereces. Aunque también sé que has tenido algunas dudas sobre la Navidad.

—Sí, tengo muchas dudas. La gente grande se comporta muy extraña con todo este tema.

—Y si pudieran observar cómo se comportan los adultos todo el tiempo, ¡vaya que les sorprendería! –dijo Squish con disgusto.

—Los niños pequeños siempre tienen muchas preguntas. Y es muy importante ser curioso y preguntar –comentó Santa–. La magia de la Navidad va mucho más allá de cada respuesta –volteó a ver un reloj que llevaba en el bolsillo–. ¿Pero qué estamos esperando para resolver esas enormes dudas?

—Bueno, primero quisiera preguntarte por qué…

—¿Qué? ¿De verdad esperas que tengamos esta plática aquí, pequeño Jack? –interrumpió Santa–.  Tengo muchas cosas que hacer, ¿lo recuerdas? Mañana es 24 y debo tener todos los juguetes preparados para la noche más mágica de todas.

Se dirigió hacia la ventana por la que entró en la habitación y la abrió con un movimiento de sus manos sin haberla tocado.

—¿Qué dices, Jack? ¿Nos acompañas al Polo Norte?

—Pero, ¿y mi papá?

—Muchacho, ¿quién crees que le informa todo a los duendes? Esto es un trabajo en equipo –comentó Squish.

—¡Correcto! Ya tienes el permiso de Bernardo –suspiró Santa–. Siempre fue un excelente niño, es muy duro verlos crecer.

—Y además –agregó Squish–, ¿quién crees que también cuidaba a tu papá cuando era un niño?

Jack abrió los ojos y la boca de sorpresa.

—¿De verdad tú también cuidaste a papá?

—¡Ya se nos está haciendo tarde! No hay tiempo que perder –dijo Santa ante el asombro asomando su cabeza hacia el exterior–. ¿Listo para viajar con nosotros al Polo Norte?

—¿En dónde estás, Rodolfo? –preguntó–. Espero que no se haya ido a beber agua del lago. La última vez tuve que detenerme para que…

Pero un gran sonido derrapándose lo interrumpió.

—¡Rodolfo! Cuidado con mi trineo.

—¿Es él? –preguntaba Jack mientras su rostro se iluminaba de emoción.

—Arriba, pequeño. Con cuidado.

Lo cargó Santa para colocarlo en el trineo.

—Oye, pero hay gente afuera. ¿No pueden vernos?

—No, quédate tranquilo, pequeño Jack.  Es muy divertido cuando nos confunden con estrellas fugaces –le guiñó un ojo.

—¿Eso significan las estrellas fugaces?

—¡De acuerdo! Demasiada información –dijo Santa–. Debes tener más cuidado con lo que sale de tu boca –se dijo a sí mismo.

—No le diré a nadie. Puedes confiar en mí.

Y Santa sonrió mientras alborotaba su cabello.

—Yo lo sé, pequeño Jack. Yo lo sé. Pero es momento de partir. Será un viaje veloz.

—Demasiado veloz, diría yo –respondió Squish–. Un pequeño consejo que te podría dar sería que por favor…

Y el trineo salió disparado a una velocidad fugaz.

—¡No te agarres de mis orejas!

Pero Squish no alcanzó a terminar la frase.

Un comentario en «Magia en Navidad (Capítulo 3: El Polo Norte nos espera)»

Deja un comentario