MAGIA EN NAVIDAD
Autor: Neverluke.
SINOPSIS:
«Deseo que toda la gente vuelva a creer en ti».
Jack, un niño de 6 años, es invadido por las dudas cuando la Navidad está muy cerca: ¿Por qué los grandes dejan de creer en Santa Claus?
Las verdaderas respuestas sólo pueden obtenerse si eres uno de los niños mejores portados; y podrás descubrir desde el Polo Norte, de la mano de Squish y su gran amigo Santa Claus, que creer es lo único que necesitas para tener MAGIA EN NAVIDAD.
Capítulo 2:
Una visita inesperada
Ya entrada la noche, las luces navideñas protagonizaban las calles de Peña Florencia. Y en lo alto de un edificio, se alcanzaba a ver la luz encendida de la sala de aquel pequeño departamento ubicado en la avenida Pullman. Exterior 25, interior 37 para ser más específicos. Último piso. Ahí era ese espacio que Jack y Bernardo habían podido llamar «hogar» desde los últimos años. Cada Navidad disfrutaban de adornar juntos, y sin duda, siempre eran el departamento que más brillaba en todo el edificio.
Bernardo y Jack estaban cenando sentados en una pequeña mesa que Bernardo había adaptado como comedor.
—¡Casi lo olvido! Tu tía Lucy te mandó unos brownies de vainilla.
—¡Sí! –se emocionó Jack–. ¿Aún queda leche con chocolate?
Y antes de que Bernardo pudiera responderle a Jack su duda, el sonido de la televisión los hizo voltear a la pantalla.
—Navidad está muy cerca –comentaba el presentador de noticias–. Parece que todo es perfecto, todo es bello, toda la gente es buena, pero no dejan de suceder situaciones preocupantes en las calles. Y mientras los pequeños están muy cerca de recibir a Santa, continúan las noticias alarmantes. Vamos a ver estas siguientes imágenes en donde se puede…
—Oye, papá –dijo Jack–. ¿Por qué la gente grande ya no cree en Santa Claus?
—¿Por qué lo preguntas? –cuestionó Bernardo con demasiada intriga.
—No lo sé, la gente cree que Santa Claus sólo es para los niños. El señor acaba de decir que sólo nosotros pensamos en él, ¿entonces cuando creces dejas de creer en la Navidad? ¿Por qué tu no te emocionas porque ya va a venir Santa?
El rostro de Bernardo se inundó de sorpresa.
—¿Qué? ¡Pero claro que me emociona! Me gusta mucho esta época. Los abrazos, las luces, los regalos. Y sobre todo me encanta verte muy feliz y emocionado a ti. Por cierto –interrumpió su idea–, ¿ya dejaste tu carta? Mañana es 24.
—Sí, pero creo que me faltó añadir algo.
—Aún puedes hacerlo, Santa seguro leerá todo.
Jack se levantó del sillón, corrió por un lápiz y comenzó a escribir en un pedazo de papel:
Querido Santa:
Olvidé algo, pero aquí lo escribo.
Deseo que toda la gente vuelva a creer en ti.
Jack.
Bernardo alcanzaba a ver perfectamente lo que Jack estaba escribiendo, y no pudo evitar que una sonrisa apareciera en su rostro.
—¡Listo! La dejaré por aquí. ¿Crees que sí la alcance a leer Santa, papá?
—¡Claro! Él puede leerlo todo en cualquier momento. También estoy seguro que se encargará de…
Pero el reloj de la sala interrumpió sus palabras marcando las 9 de la noche.
—¿Las 9? Ya es tarde. Hora de ir a la cama. Mañana es 24 y será un gran día.
Luego de lavarse los dientes, Bernardo acompañó a Jack a su cama.
—¿Quieres que deje esta luz encendida?
—No, así está bien.
—Bueno, cualquier cosa que necesites estaré en mi habitación. Descansa.
—Oye, papi –dijo Jack.
Bernardo se detuvo y volteó rápidamente antes de salir de la habitación.
—Te quiero.
—Y yo a ti, Jack. Te quiero mucho.
Los pasos de Bernardo se alejaban percibiéndose cada vez menos desde la habitación de Jack.
—Ojalá sí puedas leer mi última carta, Santa –dijo Jack en voz baja–. No sé por qué los grandes ya no creen en ti, y piensan que sólo eres para los niños. Yo quisiera que nadie dejara de creer en ti y que la Navidad pudiera convertirse en algo mucho más grande.
De pronto, un ruido muy extraño se escuchó en el techo, y el sonido de unos cascabeles se hizo presente.
—¡Papá! –gritó Jack espantado.
—¿Qué pasó? –entró enseguida Bernardo–. ¿Estás bien?
—Escuché ruidos en el techo.
Bernardo sonrió con mucha ternura.
—No es nada, Jack. Seguro es algún ave arriba.
El sonido de un búho se escuchó con bastante claridad.
—¿Lo escuchas? Es un búho. Tal vez tú también lo espantaste.
Y ambos rieron.
—¡Buenas noches, papá!
—Buenas noches.
Pero los cascabeles volvieron a sonar, la ventana se abrió en un instante y un golpe de viento cálido entró. Jack no tuvo siquiera una mínima fracción de segundo para volver a llamar a Bernardo. Sus ojos brillaban y su habitación se iluminó de mucha magia. Era tan maravilloso aquel espectáculo de luces que ni un sonido se podía emitir del asombro.
—¿Eres tú? –pronunció Jack con dificultad–. ¿Santa? ¿Qué? Pero… ¿qué haces, aquí?
—¡Ho, ho, ho!

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