Autor: Pablo Gracida.
La noche trae consigo infinidad de recuerdos que penetran el alma como si el pasado tuviera forma de presente. Imágenes mentales, sonidos, olores, y una enorme variedad de detalles que aún indican que estuviste aquí. No he querido reacomodar absolutamente nada, y no es hundirme más en este entorno de sensaciones negativas, sino que las veces que lo he intentado, de pronto –por muy extraño que parezca– todo vuelve a su lugar antiguo, como si los mismos objetos supieran a dónde pertenecen. Qué extraño es ver cómo un lugar se va impregnando de tristeza luego del adiós, y al menos aquí el olvido no ha dejado ningún rastro.
No he podido dejar de contar los días desde aquella despedida, e incluso siento que he creado cierta maldición ante el número que acompañó dicha fecha, ese número que veo en todos lados, hasta en los espacios más imperceptibles, pero ahí están. No sé si su intención sea recordarme el dolor de aquella noche, o si sea algún tipo de señal que me intenta hacer saber que sigues aquí, que me acompañas, y que no te has ido del todo.
Me alcanzan los sonidos del exterior anunciando que el mundo allá afuera no ha dejado de avanzar, y qué incómodo es aprender que aunque todo aquí se paralizó, del otro lado de la puerta continúa la vida como si nada hubiera sucedido. Tengo ganas de gritarle al mundo que se detenga para que todos sepan cruelmente lo mucho que duele estar aquí y lo difícil que ha sido continuar. Y aunque existen quienes notan tu ausencia, siento que nadie puede comprender la verdadera magnitud de tu adiós, por muchos «entiendo lo que se siente» que resuenen en las pequeñas conversaciones.
De todos los sonidos hay uno en específico que arde, que se siente como aquella noche, que me regresa al momento exacto de nuestra separación, y que no ha existido nada que me sane de él. Seguramente, desde donde sea que ahora estés, sabes a todo lo que me refiero, y tengo la seguridad de que me has visto llorar todas las noches sin ti. Perdona si a veces pareciera que tus intentos de consuelo no han servido, pero hoy te siento más que nunca a mi lado, por mucha falta que me hagas.
Mis oídos aún no se acostumbran a no escucharte, y cuando llego a sentir que estás aquí, es sólo para ver brotar el diluvio emocional que me ha atormentado día y noche desde aquella vez. Te extraño. Y no es presunción que supiera lo mucho que iba a doler tu partida, pero vivirlo ha sido un dolor completamente diferente.
No me alcanzan las palabras para expresar lo aterrador que se ha vuelto estar sin ti, sin tu ruido, sin tu compañía, sin toda la rutina que habíamos creado juntos y que seguimos por tanto tiempo. Sé que no te has ido del todo, y que aún me sigues a todas partes, sólo quisiera haber tenido más oportunidad de vivirlo, al menos físicamente.
