WALKIE: EL INICIO

Autor: Neverluke.

SINOPSIS:
Al poco tiempo de haber terminado su relación con Sofía, Leo acepta el consejo de su mejor amigo sobre tomarse un necesario descanso para acomodar y reflexionar todo lo que está sucediendo en su vida luego de haber concluido la universidad.
Una cabaña en las afueras de San Buenaventura parece ser el lugar perfecto para encontrarse con una mejor versión de sí mismo. No necesita estar en contacto con el mundo exterior por salud mental.
La señora Aguilar, dueña de esa agradable cabaña, sólo podrá comunicarse con su inquilino mediante un ‘walkie-talkie’. Pronto, Leo descubrirá que no es la única persona con quien puede comunicarse.

Capítulo 6:
Nunca estás solo.

La piel de Leo parecía enfriarse a causa de todo el terror que le provocaba lo que estaba escuchando desde aquel walkie-talkie. No dejaba de sentir que todo su cuerpo comenzaba a minimizarse desde su interior y la cabaña de la Señora Aguilar lucía con un tamaño mucho mayor. Por un momento, Leo creyó que se iba a desvanecer.

–Sólo quiero salir de aquí –se dijo a sí mismo.

Y aunque parecía que había entrado en un estado de tranquilidad, la desesperación volvió a él en cuestión de segundos, y de manera muy alterada intentó hacer que la dueña de la cabaña contestara sus llamados.

–¡Señora Aguilar, conteste!

De pronto, la ventana que tenía la habitación comenzó a sonar por unos pequeños golpeteos constantes, como cualquier persona que tocaba para entrar.

Leo no quería voltear a ver, porque sabía que algo aterrador lo esperaba, pero Timmy empezó a cantar como si estuviera justo afuera de la habitación. Y el walkie-talkie volvió a encenderse.

No voltees a la ventana. No voltees a la ventana. –cantaba.

–¡Ya! ¡Ayuda! ¡Déjame salir!

La puerta parecía estar trabada, y aunque estaba utilizando todas sus fuerzas, Leo no lograba abrirla.

–Timmy, por favor déjame salir.

Shhh. Tienes que encontrarme –lo interrumpió.

–No quiero jugar. ¡Déjame irme!

–Sólo debes encontrarme.

–¡Déjame salir! –gritaba Leo desesperado.

Un silencio abrumador invadió toda la casa. Leo sintió por unos cuantos segundos que lo observaban en la habitación desde cualquier parte, pero no sentía que fuera sólo una mirada.

–Ya vienen todos –dijo Timmy.

–¿Quiénes vienen?

–Tú puedes ayudarme.

–¿Cómo?

–Mi cuerpo… Pero que no sepan ellos.

–¿Quiénes vienen? ¿Por qué no deben saber? –insistió Leo.

–¡Ya te escucharon! –dijo Timmy susurrando.

El pasillo se llenó del ruido de los pies de Timmy corriendo de un lado a otro.

–¿En dónde puedo encontrarte, Timmy? –preguntó Leo en un segundo de valentía.

Áti… –pero la señal del walkie-talkie comenzaba a fallar.

–¿Qué? ¿En dónde? –preguntó Leo

–Ático… Cuerpo.

Leo alcanzaba a distinguir sólo un par de palabras a pesar de que intentaba subir el volumen del walkie-talkie.

–Ellos ya vienen. Pueden escucharte –continuaba Timmy.

Desesperado, Leo se sentó al pie de la cama, y se dejó consumir por el terror que le ocasionaba estar ahí.

–Yo sólo quería pasar unos días solo –se dijo a sí mismo.

El walkie-talkie, imposible de apagarse, prendió de nueva cuenta el foco rojo de comunicación.

–Nunca estás solo –respondió Timmy.

–¿Qué dices?

–Siempre hay alguien muerto a tu lado.

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