ACADEMIA VERNE

Autor: Neverluke.

SINOPSIS:
Nett Cassai, un chico de 16 años, se convierte de la noche a la mañana en el centro de atención de todo Academia Verne cuando descubren que tiene habilidades inhumanas.
Un par de visitas inesperadas en la escuela, y su paso por la adolescencia, se convertirán en la nueva travesía de Nett para enfrentarse al mal del Colegio Rimkey.

Capítulo 14:
Enfrentamiento en el baño.

El regreso a clases fue más tranquilo de lo previsto. Desde que dio los primeros pasos dentro de Academia Verne, Nett sentía más seguridad que nunca; incluso por momentos llegaba a repasar en su mente las palabras que Bredrak le había dicho acerca de cómo sobrellevar la relación con aquellos compañeros que solían ser muy duros.

Los primeros días de vuelta a clases, parecía que Bermeo, Villa y Poumian se habían olvidado completamente de Nett. No lo buscaban en absoluto, y la preocupación iba cesando poco a poco. Lo más importante era que las conversaciones con Mía fluían muchísimo mejor.

Durante alguna mañana, terminando la clase de Geografía, Nett había acordado con Mía verse en el pasillo principal en su casillero, el timbre ya había sonado y Nett caminó con demasiada seguridad hacia ella. Todavía existía gente que la señalaba por atreverse a crear un vínculo emocional con aquel «fenómeno», pero ella estaba convencida que, desde hace varios días, eso ya había dejado de preocuparle. Se saludaron y las sonrisas nerviosas se dieron cita en ambos rostros.

La gente alrededor parecían estar sorprendidos de lo que ya era un hecho, y por pocos días fue el nuevo rumor de Academia Verne que Mía y Nett sentían atracción el uno por el otro.

—¡Hola! –dijo Nett bastante emocionado–. ¿Estás sosteniendo el extintor?

Mía expresó un poco de confusión, pero la risa fue inmediata cuando notó que estaba recargada en uno de los contenedores de extintor que estaban puestos en la pared.

—No me había percatado de mi posición –dijo riendo.

—¿Desayunamos juntos? –se atrevió a preguntar Nett.

—Sí, te esperaba para eso.

Hmmm no –respondió Nett–. Le estaba preguntando a Linn –dijo Nett observando a la chica que estaba detrás de Mía.

Linn los observó de forma muy extraña, pero el rostro de Mía fue invadido por una sonrisa enorme.

—¡Qué tonto eres! Sí pensé por un momento que se lo habías preguntado a alguien más.

Nett continuó riéndose reposando la palma de su mano sobre la espalda de Mía para juntos comenzar a caminar por el pasillo. Y aunque muchas miradas los aniquilaban mientras daban cada paso, Nett por primera vez suspiró con tranquilidad al saber que Mía caminaba junto a él. Ella se dedicó a disfrutar de todas las miradas que los observaban, y muy segura continuó su camino hacia la cafetería de la escuela.

Aquella tarde, Azul, la mejor amiga de Mía, tuvo el atrevimiento para cuestionarla sobre lo que muchos resguardaban en sus mentes cada que los veían cerca.

—¿De verdad no te pareció extraño todo lo que hizo?

—Es imposible explicarlo –trató de expresar con incomodidad Mía–. He sentido que lo que más me atrae de él, es justo lo que lo hace diferente.

—¡Mía! Basta de romanticismo –continuó Azul–, ¿no te das cuenta que lo que a todos les sorprende es que puede ser peligroso compartir espacio vital con él? –expresó haciendo ademanes muy llamativos.

—¿Peligroso? –Mía dejó llenar de ira sus gestos–. ¡No hemos dejado de hablar desde los primeros días! Siento algo por él, y me gusta pasar tiempo a su lado.

—¿Cuál sería tu reacción si hace alguno de sus «teatritos» frente a ti?

—¿A qué le llamas «teatritos»? –dijo Mía imitándola con evidente disgusto.

—Sabes bien a lo que me refiero –Azul volteó los ojos mientras le respondía–. Todo eso que puede hacer que no es para nada humano –continuó exaltándose cada vez más–. ¿Ni siquiera eres capaz de considerar que es peligroso lo que hace?

—Sólo quiero estar a su lado, ¿puedes respetar eso? –respondió Mía alzando la voz.

—Tienes razón –los hombros de Azul soltaron un enorme peso. –Perdóname –prosiguió sincerándose con la mirada–. Sólo me preocupa un poco que no vayas a estar bien. Es un buen chico, pero es diferente, Mía. Muy –suspiró– diferente.

—Lo sé. Créeme que lo sé.

Mía recordó en breves segundos, distintos momentos que habían tenido juntos en la escuela. No pudo dejar de sonreír mientras pensaba en Nett.

Al cabo de un par de semanas, durante un cambio de clase, el pasillo se encontraba repleto de alumnos manejados por la prisa de llegar a su aula correspondiente. Aún no llegaba la hora del primer receso, pero Villa caminaba rápidamente entre los demás alumnos, parecía tener un objetivo muy claro en su avanzar. Su mirada se notaba distinta.

Mía se encontraba recargada sobre el casillero frente a Nett, ambos se reían cuando el disgusto en el rostro de Nett fue evidente al ver llegar a Villa.

—Hola, Nett –mencionó Villa con un tono de voz muy inofensivo–. ¿Tienes un segundo?

Nett volvió su mirada hacia Mía, ambos sabían que no era nada normal que aquello sucediera. Le pidió que la esperara a la distancia y se alejó dando algunos pasos hacia él. Mía trató de poner la mayor atención posible, pero no lograba descifrar las palabras que intercambiaban. Sólo la tranquilizaba un poco el saber que aparentemente era una conversación con la que no debía preocuparse.

A los pocos minutos, Nett regresó con Mía bastante confundido.

—¿Qué te dijo? –preguntó Mía como si hubiera hablado de forma automática.

—Me pidió disculpas.

—¿Qué? –reaccionó muy sorprendida.

—Sólo me pidió disculpas.

Pero el rostro de Nett no dejaba de formular un gesto muy extraño.

—¿Qué se supone que uno hace cuando le piden perdón? Nunca nadie lo había hecho –mencionó.

Mía lo abrazó sintiendo cada palabra que Nett expresaba.

Al terminar aquel receso, Mía y Nett estaban recogiendo sus cosas de la cafetería para dirigirse a clase, se tomaron de la mano y caminaron muy seguros hacia sus salones.

—¿Estás bien? –le preguntó Mía.

—Últimamente mi cabeza me duele por momentos –respondió Nett llevando sus manos a sus sienes con un ligero disgusto.

Siguieron caminando, y cerca del baño ambos alcanzaron a notar que había un grupo de jóvenes riéndose.

—¿Qué estará pasando? –dijo Mía confundida.

Y al acercarse, notaron que una parte de la playera de Villa se había atorado con la puerta del baño mientras intentaba zafarse sin romperla, pero se había convertido en la causa de risa de algunos alumnos que pasaban de frente.

Nett soltó a Mía, y sin dudarlo se dirigió hacia él, quitando a algunas personas de por medio.

—¿Qué pasa? –preguntó.

—Mi playera se atoró –dijo Villa intentando hacer su mejor esfuerzo.

Nett sostuvo firmemente la puerta, mientras observaba con detenimiento cómo se había atorado la playera de Villa. Luego de un par de movimientos, logró desprenderla.

—Demasiado bueno para no darse cuenta de la realidad –dijo Villa mientras sonreía con excesiva maldad en su rostro.

Un grito de Mía hizo que la tranquilidad se quebrara.

—¡Cuidado, Nett!

Villa empujó a Nett hacia el baño, y al abrirse la puerta, un bote de basura grande se dirigió hacia él. Las risas de Poumian y Bermeo sonaron, quienes esperaban dentro del baño con una cubeta llena de agua a punto de ser aventada hacia el piso.

Nett alcanzó a distinguir la basura cayendo, jalando del brazo a Villa. Un golpe muy fuerte se escuchó cuando el bote tocó el suelo, pero nadie pudo ver lo que ocurría porque la puerta ya se había cerrado.

Mía se acercó rápidamente intentando abrirla. Su esfuerzo era inútil, parecía que no había posibilidad humana de entrar.

Mientras tanto en el baño, Nett había caído al suelo. Había bastante basura tirada por todos lados, el agua hacía que fuera muy difícil ponerse de pie. Pou y Bermeo intentaron tomar a Nett, pero sus ojos brillaron. Un destello salió de su mano derecha y se dirigió hacia el foco haciéndolo reventar. Intentó sostener con el brazo izquierdo a ambos recargándolos sobre la pared. Villa comenzó a asustarse por la manera en la que Nett cambiaba al dejarse controlar por el coraje y la ira.

Nett cargó a Bermeo, y lo colocó dentro del bote basura, para después hacer lo mismo con Pou y Villa, quienes intentaban defenderse. Empujó el bote de basura hacia la puerta del baño, y cerrando los ojos desapareció y apareció frente a ellos, abriendo la puerta para que salieran disparados hacia el pasillo.

Por fuera habían escuchado todo, Mía no dejaba de preocuparse. Hasta que el bote de basura salió proyectado con una fuerza verdaderamente inexplicable. Todos se quedaron sorprendidos de lo que acababa de pasar. Y luego de un par de segundos en silencio, comenzaron a reírse de los tres, celebrando la valentía de Nett para ponerlos en su lugar.

La algarabía concluyó en cuanto una voz se escuchó muy seria.

—Ustedes cuatro, a mi oficina.

La directora Padúa no dejaba de mirar fijamente a Nett.

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