ACADEMIA VERNE

Autor: Neverluke.

SINOPSIS:
Nett Cassai, un chico de 16 años, se convierte de la noche a la mañana en el centro de atención de todo Academia Verne cuando descubren que tiene habilidades inhumanas.
Un par de visitas inesperadas en la escuela, y su paso por la adolescencia, se convertirán en la nueva travesía de Nett para enfrentarse al mal del Colegio Rimkey.

Capítulo 13:
Consejos, confesiones y misterios.

Nett se colocó de pie mientras sus ojos se iluminaban y sus manos se recargaban de esa fuente de poder azul. Nash se preparó para atacar en cualquier instante, pero Bredrak –con una calma admirable– permaneció observándolos mientras sonreía. A Nett le costaba aceptar que dicha sonrisa le transmitía amabilidad.

—Si viniera a lastimarte, te habría destruido desde hace un par de horas –dijo Bredrak con pequeñas ramas en la mano.

—¿Cuánto tiempo llevas observándonos? –preguntó Nett acariciando a Nash para tranquilizarla.

—Es difícil tener noción del tiempo cuando se respira tanta paz.

—¿Qué es lo que quieres? –dijo Nett con un tono de voz firme.

—¿Qué quiero? Lo sabes desde el día uno, Nett. Sólo quiero que seas parte del equipo indicado. Por poco y acabamos con ustedes en Academia Verne –rió. –Por cierto, una disculpa por toda la destrucción, ¿ya terminaron de reconstruir ese pasillo?

—Instituto Fromm supo defenderse muy bien.

—¿Cómo? –sonrió Bredrak. –¿Crees que fue una buena batalla? ¿Crees que Colegio Rimkey lo dio todo? Nett –suspiró–, es muy poca la idea que tienes sobre el mundo en el que acabas de entrar. Eres buena persona, por eso mismo me interesaba tanto venir contigo.

—¿Por qué estás aquí?

—Hay tanto que tenemos en común, Nett. Es extraño que nunca hayas querido escucharme.

—No fue la mejor manera de acercarte estando en la oficina de la directora Padúa.

—Hemos discutido tanto desde esa mañana –dijo Bredrak.

—¿Por qué?

—Diferencias que algún día comprenderás.

—¿Ella es una de nosotros? –preguntó Nett temiendo escuchar una respuesta afirmativa.

—¿«Nosotros»?

Ambos sonrieron ligeramente al darse cuenta de que Nett estaba encontrando un sentido de pertenencia en toda esa gente, incluso sin importar si vestían uniformes rojos o azules.

 —Sabes a lo que me refiero –continuó Nett.

—No, no lo es; pero vaya que tiene la certeza para identificar a chicos con habilidades. De pronto me da la impresión que…

En ese momento, el sonido de la puerta de un automóvil cerrándose se escuchó. Eran los vecinos de la familia Casai llegando a su hogar que se alcanzaba a escuchar hasta el jardín trasero.

—¿Te parece si platicamos allá arriba? –dijo Bredrak volteando a ver la copa del enorme árbol del jardín.

—Sí, está bien –respondió Nett.

Ambos voltearon alrededor para asegurarse de no ser observados mientras subían. Bredrak voló con facilidad para sentarse en una de las ramas más altas del árbol.

—Vamos, ¿ahora sí me dejarás ver cómo haces esos saltos?

Nett se rió, y con cierta maldad, sólo cerró los ojos para trasladarse al mismo lugar que Bredrak sin haber hecho algún salto.

—No creo que hoy sea el día –le respondió apareciendo detrás de él con una postura muy cómoda en el árbol.

La luna empezaba a reflejar su brillo, y el sonido de la noche hacía que la plática fuera más amena.

—¿Siempre has disfrutado mucho la Navidad? –preguntó Bredrak.

—Sí, es mi época favorita junto con Día de Muertos. Creo que la gente se hace más consciente de todo lo que sucede alrededor y de lo mucho que significan las personas. ¿Cómo son tus Navidades, Bredrak? –preguntó con curiosidad.

—Un tanto distintas a las de los demás –suspiró–. Hay chicos que pasan la Navidad en Colegio Rimkey, es una muy bonita compañía. Me encargo de que sientan que nosotros somos su familia y que no necesitan más.

—¿Para ti significa algo especial esta fecha?

—Desde pequeño me emocionaba ver juntos a mis padres en este día–explicó Bredrak–, aunque estaban separados siempre tenían las mejores intenciones para pasar conmigo algunas fechas importantes. Y yo sentía que la Navidad lo arreglaba todo. Por un par de días podía sentir que todo volvía a ser como antes, hasta que llegué a Colegio Rimkey. A partir de ahí los recuerdos comenzaron a ser muy distintos. Con el paso de los años me convertí en el director, y me he encargado de mejorar muchas cosas.

—¿Quieres decir que llegaste a Colegio Rimkey siendo alumno? ¿Qué edad tenías?

—11 años.

—¿Qué? ¿A los 11 años descubriste tus habilidades?

—Sí, lo mío no fue en una noche como te sucedió a ti…

—Espera –interrumpió Nett–. ¿Entonces puede haber niños en Colegio Rimkey o en Instituto Fromm?

Bredrak soltó una risa por la forma en la que Nett lo había interrumpido.

—Sí, pero es muy extraño.

—¿Cómo fue que descubriste tus habilidades?

—Era un día con temperatura muy baja –contestó recordando–. Había ido de vacaciones a esquiar con mi papá, y por un descuido provoqué una avalancha que me llevó hasta un lago congelado. Al caer rompí el hielo, y me sumergí en el agua helada. Comencé a ahogarme y perdí el conocimiento por un unos minutos. Cuando abrí los ojos, estaba rodeado de un grupo de paramédicos. Todos se sorprendieron porque de la nada volví a respirar, sin haber sacado el agua que estorbaba en mis pulmones –dijo acordándose de aquella extraña sensación–. Al volver a la cabaña en donde nos estábamos quedando –continuó–, quise darme un baño, y en la regadera me di cuenta que podía hacer que el agua se moviera dependiendo la dirección que le diera con mi mano. Poco a poco empecé a descubrir lo demás, el vuelo, los destellos, congelar cosas.

—No entiendo –dijo Nett con mucha intriga–. ¿A ti quién te pasó esas habilidades?

—Existen distintas formas de que te lleguen las habilidades, Nett –explicó Bredrak.

—Cierto, Sherei lo había mencionado.

—A ti alguien que murió te traspasó sus habilidades, pero también tu vida puede cambiar al estar muy cerca de la muerte.

—Si alguien cercano a ti muere, o haber estado cerca de la muerte. Lo voy comprendiendo. ¿Qué otras formas hay?

—Rituales de cambio.

—¿Qué es eso?

—Alguien de manera consciente puede seguir una serie de pasos para pasarle sus habilidades a alguien más. Es algo muy extraño que suceda porque nadie quiere perder lo que hace para que otro lo tenga, pero puede suceder.

—¿Existen más formas?

—Sólo conocemos esas tres hasta el día de hoy, aunque pueden seguir apareciendo nuevas, supongo.

—¿Tienes alguna idea de quién falleció aquella noche que comencé a hacer todo esto?

—No, ha sido una de las dudas que más me preocupan.

Por momentos, el silencio invadía la platica dejando que ambos se dedicaran únicamente a escuchar sus respiros. La noche parecía muy tranquila y los animales nocturnos comenzaban a saludar.

—¿Ya te has sentido mejor con los demás alumnos de Academia Verne? –continuó Bredrak con la plática.

—No en realidad.

—Todo el mundo conoce a la perfección la historia de aquellos tres muchachos en contra del «fenómeno» Nett.

A Nett nunca le había hecho gracia cuando lo llamaban de esa forma en la escuela, pero por alguna –muy– extraña razón, aquella noche le ocasionó una pequeña y delicada risa.

—He aprendido a lidiar con ese tipo de situaciones. Siempre he considerado demasiado raro cómo suelo llamar la atención por pasar tan desapercibido.

Nett se dio cuenta de lo acababa de decir, y aunque parecía muy incongruente, para él tenía todo el sentido del mundo.

—El problema aquí –continuó Nett–, es que de la nada me convertí en el objeto número uno al que todos volteaban a ver.

—¿Objeto? –se intrigó Bredrak.

—Nadie me ve como un humano. Y más allá de enfrentar a los demás y ponerlos en su lugar, prefiero que crean que se salen con la suya.

—Existe gente que se apaga al verte brillar, Nett. Poco a poco irás descubriendo que tu luz tiene un lugar extraordinario en este mundo. Mírate al espejo, te estás convirtiendo en el superhéroe que siempre soñaste.

Y como si Bredrak hubiera podido controlar los pensamientos de Nett, de pronto comenzaron a correr imágenes en su mente de aquellas tardes de su infancia jugando con el Señor Augusto, con capas y máscaras fingiendo salvar a la humanidad.

—La próxima vez que esos tres muchachos quieran apagarte, enséñales tu brillo. Verás cómo poco a poco encuentran algo más con qué entretenerse.

Al cabo de un tiempo, Nett escuchó que su familia se alistaba en el comedor para tener su cena de Navidad.

—Creo que es hora de bajar –comentó Nett.

—Lo es.

En cuestión de segundos, Bredrak descendió seguido de un salto de Nett que controló perfectamente para llegar al suelo. Nash se encontraba al pie del árbol acostada. Y Bredrak caminó hacia la parte de atrás para saltar la valla y partir.

—Bredrak –lo llamó Nett.

Se detuvo y volteó.

—Feliz Navidad –le dijo.

Y ambos, con una sonrisa y bastante sorpresa, dejaron que esa noche permaneciera dentro del cajón de los recuerdos especiales. Aunque seguramente algo habría cambiado en Nett si hubiera alcanzado a notar que, durante todo ese tiempo, Sherei se encontraba recargado en el techo de la casa de los Casai con mucha tristeza por cada risa que se escuchaba entre ellos.

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