ACADEMIA VERNE
Autor: Neverluke.
SINOPSIS:
Nett Cassai, un chico de 16 años, se convierte de la noche a la mañana en el centro de atención de todo Academia Verne cuando descubren que tiene habilidades inhumanas.
Un par de visitas inesperadas en la escuela, y su paso por la adolescencia, se convertirán en la nueva travesía de Nett para enfrentarse al mal del Colegio Rimkey.
Capítulo 7:
El nuevo fenómeno.
A la siguiente mañana, el coche se había detenido frente a la entrada de Academia Verne, los nervios de Nett habían disminuido en un ligero y casi desapercibido grado, pero había pasado toda la mañana, mientras se preparaba para ir a la escuela, jugando con su descubrimiento de la tarde anterior. Realmente comenzaba a gustarle lo que sucedía, pero cada vez lo invadían más y más dudas.
Al entrar a su salón de clases, se acomodó en el lugar que había elegido un día antes, cuando tres chicos ingresaron y enseguida sintió que algo malo podía suceder. Eran ese grupo de chicos que alardeaban por cualquier situación y que no conocían –en absoluto– la palabra “silencio”.
Muy pocos de sus compañeros habían llegado, así que Nett sólo pensó que la probabilidad de ser el elegido para ser la víctima de esos escandalosos compañeros era demasiado alta. Trató de desviar la mirada para no llamar la atención, tomó asiento, se recargó en la pared y comenzó a observar como de costumbre lo que ocurría afuera. Los autos seguían llegando a la entrada y muchos alumnos descendían de forma muy tranquila.
Poco a poco, escuchó cómo las voces se iban acercando más y más a él. Su mirada lo decía todo, era el segundo día de clases y no quería pasar de ser el chico desapercibido, a ser el blanco perfecto de aquellos que sólo tenían como misión burlarse de los demás.
—¿Para eso usas lentes? ¿Para entrometerte en la vida de los demás y observarlos desde una ventana? –dijo uno de los chicos que parecía ser el líder de los tres. Tenía un aspecto desgastado, una barba casi perfecta, y un cuerpo bastante dedicado al gimnasio. Los otros dos jóvenes celebraron su comentario.
Nett prefirió no voltear para no terminar de asegurarse que se estaban dirigiendo a él. Aunque no fue mucha la espera para que la situación siguiera transcurriendo con excesiva normalidad.
—Parece ser que alguien se está atreviendo a ignorarnos –mencionó el joven que se encontraba a la derecha de quien había hecho el primer acercamiento a Nett.
El tercer joven tomó a Nett del brazo y lo volteó hacia ellos para asegurarse de que los veía. Uno de ellos le arrebató los lentes, y se los colocó para comenzar a burlarse.
—¿Me veo igual de ridículo? –preguntó fuertemente.
Los otros dos jóvenes volvieron a reír, los ojos de Nett se tornaron color rojo intenso y unos evidentes espasmos comenzaron a tener el control de sus brazos marcándole las venas del cuerpo.
—Será mejor que nos retiremos –dijo uno de ellos mientras su rostro se llenaba de confusión.
—Alguien más es quien debe retirarse. Qué mala suerte que hayas decidido sentarte en mi lugar.
El chico se acercó aún más a Nett con los lentes puestos sabiendo que seguramente no podría ver del todo bien. Nett respiró profundamente, y sus ojos pasaron a la normalidad por sólo un segundo, para volver de inmediato a su color rojo. Agarró su mochila y cuando iba a cambiarse de lugar escuchó una fuerte llamada de atención
—¡Señor Bermeo! ¿Qué hace en un salón que no es el suyo? –dijo el profesor
Américo, uno de los más queridos en Academia Verne por impartir la materia de Literatura de manera muy interesante.
Bermeo soltó a Nett del brazo, le regresó sus lentes mientras lo miraba fijamente al rostro con extrema curiosidad por lo que sucedía en él. Los tres se voltearon a ver muy confundidos asegurándose de que todos veían los mismo.
—Bermeo, Villa, Poumian. A su salón, por favor. No tienen nada que hacer aquí –recalcó el profesor Américo con autoridad.
—Lindos ojos –terminó por mencionar Poumian, rompiendo con todo la tensión que se estaba generando en el salón de clases, pues se habían convertido en el centro de atención de varios alumnos. Le sonrió a Nett y le indicó a Villa que era momento de seguir a Bermeo hacia fuera.
—¿Vieron sus ojos?
—Sus brazos estaban peor. Juré que te iba a comer vivo, Pou.
Se alcanzaron a escuchar los murmullos de la plática hasta que poco a poco fue inaudible su conversación al salir del salón.
Nett se quedó inmóvil en su lugar, era el segundo día en Academia Verne y ya habían sucedido dos ocasiones en las que no había podido controlar aquello que ocurría con su cuerpo. Sólo deseaba no volver a encontrarse durante el resto del curso con esos tres chicos, o con la agradable señora que estaba haciendo la limpieza un día anterior. Aunque tardó pocos segundos en darse cuenta de lo absurdo e incumplible que era ese deseo.
Las clases comenzaron con normalidad, Nett se sentía demasiado observado por sus demás compañeros, y era una constante discusión en su mente sobre si realmente lo veían porque todos habían notado sus ojos y sus brazos, o si sólo era idea suya tener tantas miradas encima.
Luego de algunas clases, sonó el timbre para el primer receso, Nett intentó convencerse de que era momento de tranquilizar todo su pánico por lo sucedido.
–No pasa nada, sólo ellos tres lo observaron –sonó su voz mentalmente. Hasta que una sensación fría comenzó a recorrer su cuerpo al percatarse de la peor realidad. Todos –en absoluto– lo estaban viendo caminar por el pasillo.
Nett agachó la cabeza, y apresuró sus pasos intentando no chocar con otras personas, aunque no era misión difícil, todos se apartaban en cuanto lo veían pasar.
—Yo le veo los ojos normales –mencionó una chica de cabello rizado que le cubría la frente. –¿Por qué le dicen fenómeno?
—Si yo me enojo, sólo lloro –dijo un chico haciendo a reír a algunos de sus compañeros.
Trató de caminar aun más rápido, pero no quería hacer evidente que corría. Sólo necesitaba escapar de ahí. Al final del pasillo, sintió que su mayor resguardo podría ser el baño. Entró con prisa, le colocó seguro a la puerta y se recargó en el lavabo quitándose los lentes. Se notaba perfectamente que respiraba con mucha dificultad. Sin darse cuenta, había un chico lavándose la cara a tres lavabos del suyo.
—¿Nett?
Nett levantó la cara, se puso de vuelta los lentes y por alguna extraña razón sintió un enorme alivio al ver a aquel chico nuevamente en el baño.
—¿Siempre estás aquí, Sherei? –ambos rieron por un momento.
—¿Todo está bien? –preguntó Sherei realmente interesado en conocer la respuesta.
—Desearía mucho seguir pasando desapercibido –dijo Nett evitando voltear a ver a los ojos a Sherei.
—He escuchado todo en los pasillos. Pasar desapercibido no significa no tener la oportunidad de brillar.
—¿A qué te refieres con eso? –dijo Nett muy intrigado.
—Siempre has pensado que pasar desapercibido te da la oportunidad de que los demás no se entrometan y no conozcan lo mucho que vales –lo tomó del brazo–. Nett, puedes cambiar al mundo siendo totalmente invisible.
—Pero ahora no paso desapercibido. Toda la Academia Verne me voltea a ver.
—Recuerda que tú tienes el poder de convertir esa atención en lo peor o en lo mejor que te puede suceder. Sólo hay que saber tomar decisiones.
—Tienes razón –dijo Nett con un tono de voz muy bajo.
En ese momento, un fuerte golpe se escuchó en la puerta confirmando que Nett le había puesto seguro de forma correcta.
—¿Con quién hablas? Parece ser que alguien quiere quedarse encerrado –dijo Poumian desde afuera del baño, haciendo que se moviera un poco la puerta.
Nett se acercó sólo para confirmar que habían atorado la puerta.
—Lo hacen todo el tiempo –dijo Sherei haciendo evidente su molestia.
—¡La atoraron! No puedo abrirla –exclamó Nett haciendo bastante esfuerzo para salir.
Las risas sólo se escuchaban por fuera y, por un momento, Nett dudó si salir era una buena opción. Hizo un intento más por abrir, pero no conseguía siquiera sentir que se movía mínimamente la puerta.
—No conviertas este día en el peor de tu vida. Existen brillos que no pueden apagarse, Nett.
Sherei se acercó, y con demasiada facilidad, dejando sorprendido a Nett, abrió la puerta quedándose detrás de ella.
Poumian, Bermeo y Villa estaban afuera riendo, hasta que se detuvieron para dejar que el silencio convirtiera ese momento en algo sumamente incómodo. Los tres se voltearon a ver cuando Nett salió tranquilamente. Y dejándolo pasar se metieron al baño.
—¿Estaba hablando solo? –dijo Villa al dar sus primeros pasos en el baño. Poumian y Bermeo buscaron en los cubículos sin éxito. El baño estaba completamente vacío.
Los tres chicos salieron al pasillo nuevamente y, al alejarse, Sherei sonrió mientras poco a poco aparecía sentado en los lavabos del baño.

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