ACADEMIA VERNE
Autor: Neverluke.
SINOPSIS:
Nett Cassai, un chico de 16 años, se convierte de la noche a la mañana en el centro de atención de todo Academia Verne cuando descubren que tiene habilidades inhumanas.
Un par de visitas inesperadas en la escuela, y su paso por la adolescencia, se convertirán en la nueva travesía de Nett para enfrentarse al mal del Colegio Rimkey.
Capítulo 6:
Primer día de clases.
—Todo va a salir bien, mi amor.
La señora Abigail y Nett estaban en el automóvil, ya habían pasado la reja principal de la escuela y se dirigían hacia la entrada, la cual era cubierta de enormes árboles y poco a poco se asomaba la enorme fachada gris que tenía aquellas letras en marrón «Academia Verne».
La respiración de Nett anunciaba sus nervios de forma muy evidente. Ligeros espasmos le daban en sus brazos y comenzó a notar que su mano producía un brillo, como si estuviera a punto de sacar aquella estela de luz. Sus ojos se abrieron de sorpresa, sabía que lo que menos quería era llamar la atención de la gente, o peor aún, que su mamá se enterara de lo que estaba sucediendo con su cuerpo.
Muchos automóviles comenzaron a verse formados de donde iban descendiendo una gran cantidad de alumnos. Distintas despedidas se escuchaban entre padres e hijos, y un ambiente entre nervios y emoción se respiraba de forma muy pacífica. El automóvil de la señora Abigail se detuvo, Nett exhaló y con un último fuerte suspiro tomó sus cosas del asiento de atrás y bajó para enfrentarse al nuevo ciclo escolar.
—Que te vaya bien. Me cuentas todo en la tarde– dijo la señora Abigail con una sonrisa muy sincera y tierna.
Nett se limitó a tratar de sonreír y cerró la puerta dejando que los nervios lo invadieran por completo.
Dos profesoras y un profesor se encargaban de darle la bienvenida a los alumnos. Una impecable sonrisa y una muy buena actitud caracterizaban a aquellas tres personalidades que eran muy bien reconocidas por quienes no era su primer año estudiando ahí. Nett cruzó la entrada y, cabizbajo, caminó un par de metros viendo cómo todos se relacionaban entre sí. Afortunadamente el uniforme escolar cubría sus brazos, así que sólo debía preocuparse por no mostrar de más sus manos para no ser cuestionados por ese brillo que por momentos ocurría.
Buscó en la parte superior de las puertas de los salones el número que indicaría cuál era su clase. Y al terminar de recorrer el pasillo, se encontró con las escaleras que hacían muy evidente un letrero de los salones que estaban el siguiente nivel. Sabía que ahí encontraría su nuevo salón de clases. Subió muy desanimado, y un pasillo con más gente lo recibió, hasta que casi al final encontró el número 112, entró, y sin pensarlo dos veces, se dirigió a la banca que se ubicaba pegada a la ventana con vista al exterior, su lugar seguro en cualquier tipo de aula.
A los pocos minutos, la profesora Lucy ingresó al salón saludando con una excelente actitud y contagiando a la gran mayoría con sus ganas de dar inicio al nuevo ciclo. Se presentó como la maestra de Ciencias, y luego de haber compartido su experiencia en el área de la Biología y en la docencia, comenzó su clase explicando lo que se llevaría a cabo en esa materia durante los próximos meses.
Eran las 9:30 cuando la campana del primer receso sonó, los alumnos salieron de las aulas y Nett fue en búsqueda de un lugar tranquilo para seguirse lamentando sobre las horas que faltaban para que terminara ese primer día. Sacó el almuerzo que le había preparado el señor Augusto antes de irse a trabajar, y comenzó a comer mientras observaba cómo transcurrían las emociones en los demás.
Al sonar la campana, pasados 20 minutos, Nett agradeció que nadie se hubiera acercado a él para intentar conversar. Estaba levantándose de esa pequeña jardinera en donde se había sentado cuando de pronto escuchó una voz que lo tomó por sorpresa.
—¿Puedo llevarme su basura, joven?
La voz provenía de una dulce señora cerca de los 60 años de edad, que se encargaba de hacer la limpieza.
Nett dio un pequeño brinco del susto, y su reacción provocó que de su mano izquierda salieran esos destellos impactando a uno de los arbustos que estaban ahí. Abrió los ojos, volteó a ver su brazo y las venas se le habían resaltado. No dudó un segundo en suponer que sus ojos también se habían tornado rojos. Sus nervios no le permitieron calmarse, intentó decir algunas palabras, pero sus piernas sólo pudieron retirarlo de ahí rápidamente.
No dejaba de pasar en su mente que la señora seguramente lo había notado todo, y a los pocos metros de distancia, ella volvió a preguntar si podía llevarse la basura, poniendo atención a un lugar en donde ya no se encontraba Nett y volviendo a colocarse los audífonos con los que escuchaba música mientras hacía su trabajo. Nett no tuvo oportunidad de ver que ella no estaba cerca de haberse dado cuenta de lo que sucedió.
Lo más pronto que pudo, ingresó al baño y comenzó a mirarse en el espejo, aún tenía los ojos y sus brazos alterados, inhaló profundamente y al realizarlo pudo ver volver cada detalle a la normalidad, se quedó contemplando su aspecto un par de segundos y se recargó en el lavamanos cansado de todo lo que tenía que experimentar desde aquella noche.
Uno de los inodoros que tenía detrás de él, se descargó y enseguida se abrió la puerta de ese cubículo. Un chico muy agradable de cabello chino y lentes salió del baño, observó a Nett recargado en el lavamanos y no pudo evitar entrometerse en lo que sucedía.
—¿Estás bien? –le preguntó con una voz un tanto aguda.
Nett levantó la cabeza y asintió con una intención muy desgastada.
—No luces muy bien –dijo aquel joven que parecía querer ayudarlo. –Me llamo Sherei, eres de primer año, ¿cierto?– preguntó tranquilamente.
—Sí, un primer día muy ajetreado –respondió Nett sin ganas.
—Ya tocaron la campana, evita subir por las escaleras principales, al fondo del pasillo de tu lado izquierdo verás otras escaleras, son de madera así que intenta no hacer mucho ruido, lograrás que el Señor Ponche no te vea. Nadie quiere un reporte el primer día de clases.
Nett sonrío un poco y agradeció que aquel joven quisiera ayudarlo.
—Gracias. Supongo que nos encontraremos después.
—Sí, créeme que algún día lograrás conocer todos los secretos y pasadizos de Academia Verne. Recuerda, fondo del pasillo, lado izquierdo.
Intentando no llamar la atención y sin hacer ruido, Nett siguió las instrucciones, trató de no pisar tan fuerte los escalones de madera y al estar en el segundo nivel, vio perfectamente, a lo lejos, al Señor Ponche.
—¿Señor Ponche? ¿Se llamará así? –se preguntó Nett y entró a su clase sin haber sido percibido por el profesor en turno.
El día en la escuela transcurrió de forma muy tranquila. Miles de presentaciones en donde Nett se limitaba a decir su nombre, contar muy poco sobre su estancia en Escuela Londian y, sólo en caso de ser obligado, compartía su gusto por jugar con Nash como actividad favorita. Durante el segundo receso, todo fue tan desapercibido. Y al finalizar sus clases agradeció completamente no haber tenido que relacionarse con alguien más, ni siquiera hizo el mínimo intento por buscar a Sherei, el chico del baño que había tenido la buena intención de no hacerle pasar un mal primer día de clases.
El señor Augusto aprovechaba constantemente la hora de comida de su trabajo para recoger a Nett, y no era la excepción mientras estudiara en Academia Verne.
Al ver a su papá y subir al automóvil, Nett quería evitar a toda costa las incómodas preguntas sobre cómo había salido ese día. Así que pensó en comenzar la plática y no dejar que lo abordaran como era de esperarse.
—¡Hola, pá! Ya tengo bastante hambre, ¿qué habrá de comer en casa? –se adelantó a preguntar Nett.
—Podríamos pasar a comprar algo, ¿qué se te antoja? –dijo su papá sonriendo porque sabía lo que estaba intentando Nett.
—No lo sé, pero algo que podamos comer rápido, tengo bastante sueño.
—¿Pasamos a Bichos?
—Sí, tengo demasiado antojo de una hamburguesa. ¿Qué estará haciendo Nash? Ya quiero jugar con ella. Ayer estábamos en el jardín y cuando le lancé la pelota, ella sólo…
El señor Augusto sonrió mientras suspiraba.
—Nett– intentó interrumpirlo.
—Pero me la regresó y cuando volteé a verla, me di cuenta… –Nett seguía hablando.
—Nett.
—Me empecé a reír mucho y se lanzó sobre mí… –trató de continuar.
—¡Nett!– dijo el señor Augusto fuerte y claramente.
Nett se sobresaltó y volteó a verlo dejando en evidencia que ya sabía lo que estaba sucediendo. Suspiró de forma tranquila y dijo:
—Fue un buen día, papá. No ocurrió nada asombroso.
—¿Algún nuevo amigo o una nueva amiga?
—Conocí en el baño a un chico llamado Sherei. Me enseñó un pasadizo que existe para subir al segundo nivel.
Y mostró una pequeña risa con nerviosismo al recordar lo sucedido con la señora que se encontraba realizando la limpieza del patio.
—¿En el baño lo conociste?
Ambos rieron siguiendo su camino.
Más tarde, al llegar a casa, Nett había subido a su habitación y decidió escribir en una libreta algunas ideas que tenía para una nueva historia que quería plasmar. Escribía frases claves, dibujaba personajes y seguía ideando con más y más detalles.
Al estar haciendo el dibujo de uno de sus nuevos personajes, tuvo un pequeño error al estar remarcando con plumón cada línea, lo cual le molestó y provocó que arrancara la página. La arrugó, y luego de haber formado una bola con ella, la lanzó hacia su bote de basura, y con la otra mano hizo un movimiento provocando que aquello que salía de sus palmas diera en la hoja de papel dejándola hecha cenizas.
Nett se sorprendió y tomó otra de sus hojas para realizar nuevamente eso que acababa de descubrir. Incluso lo hizo una tercera vez, pero por error dejó la palma de su mano abierta por unos cuantos segundos más. Notó que aquello que salía tuvo mayor duración dependiendo de la apertura de su mano. Abrió los ojos con mucha sorpresa y se puso de pie.
Intentó buscar una parte de alguna pared que no tuviera algún objeto que corriera peligro, y sin pensarlo un momento más, estiro su brazo abriendo la palma de su mano por varios segundos, notando que, en efecto, su cuerpo podía generar esa descarga de luz por más tiempo y con mayor intensidad. Sonrió volteándose a ver las manos y por primera vez sintió una pequeña seguridad con lo que ocurría con su cuerpo.

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