ACADEMIA VERNE
Autor: Neverluke.
SINOPSIS:
Nett Cassai, un chico de 16 años, se convierte de la noche a la mañana en el centro de atención de todo Academia Verne cuando descubren que tiene habilidades inhumanas.
Un par de visitas inesperadas en la escuela, y su paso por la adolescencia, se convertirán en la nueva travesía de Nett para enfrentarse al mal del Colegio Rimkey.
Capítulo 5:
El primer destello.
Era la mañana del 15 de julio cuando a las 9:26 Nett abrió los ojos. Se sentía muy diferente a comparación de todo lo que había vivido anoche, no sólo se sentía mejor, simplemente era muy distinta la forma en la que sentía su cuerpo. Su cabeza le dolía un poco, y de vez en cuando sentía escalofríos. Se dio la vuelta y volvió a taparse antes de comenzar su día, su celular le indicaba que era su cumpleaños número 16 y ya había comenzado a recibir algunos mensajes que no alcanzaba a ver sin sus lentes.
Nash seguía acostada con él y se escuchaban los sonidos de sus papás en el piso de abajo, en la cocina. Nett supuso que estaban preparando su platillo favorito, esa lasaña de desayuno que cada cumpleaños le cocinaban, y el olor delataba un poco la sorpresa. Se talló los ojos pasando sus manos por su rostro y tomó sus lentes para leer los mensajes. Se alcanzaban a leer algunos y Nett sonreía ligeramente mientras seguía bajando las notificaciones. Nash se despertó y como si supiera expresar el cariño de un día más especial, se juntó con él moviendo su cola haciendo que Nett la tapara y la abrazara.
Se quedó varios minutos en su habitación pensando en el dolor que había tenido anoche. Se recorría el cuerpo con las manos para ver si notaba algo diferente, pero no. De pronto, como si una idea bastante irreal hubiera llegado a su mente, se levantó, abrió la puerta, se asomó en el pasillo para asegurarse que nadie estuviera ahí, y se dirigió rápidamente al baño. Lo que atravesaba su cabeza era que no quería ser un caso más de esas historias en donde un día despiertas y ya no eres el mismo físicamente, así que entró al baño y enseguida se miró en el espejo, un gran alivio demostrado con un suspiro indicaba que todo estaba en su lugar. Se quedó observando su cuerpo frente al espejo y no podía entender nada de aquella sensación.
Regresó a su habitación para colocarse una sudadera, Nash bajó de la cama, se sacudió y ambos descendieron por las escaleras para comenzar con ese día tan importante para él. El olor de la lasaña se hizo mucho más presente y una sonrisa hizo saber que disfrutaría mucho aquel desayuno.
—¡Feliz cumpleaños, mi amor! –dijo la señora Abigail en cuando vio a Nett ingresar a la cocina. Se dirigió a abrazarlo mientras intentaba no ensuciarlo con los guantes que evitaban que se quemara con los recipientes.
—¡Ah! Todavía está bastante caliente –dijo el señor Augusto quejándose mientras intentaba pasar a la mesa el recipiente de la lasaña utilizando un viejo trapo para no quemarse.
El papá de Nett dejó el recipiente en la mesa, y se dirigió a su hijo para proceder a felicitarlo.
—Ahora sí, ¿16 años cumple mi changuito favorito? –le dijo a Nett mientras le daba un cálido abrazo por varios segundos–. Ya casi está la lasaña, sólo hay que esperar a que se enfríe un poco–.
—¡Papá! –interrumpió Net–. ¿Quemaste el trapo? –preguntó intentando contener su risa.
El señor Augusto enseñó el trapo, asomando su ojo por un hoyo recién hecho. Fue inevitable para Nett y la señora Abigail contener la risa y todos disfrutaron de lo que acaba de suceder en aquella cocina que guardaba ese ambiente familiar.
Luego de haber disfrutado la deliciosa lasaña que habían preparado sus padres, los tres se quedaron platicando por un momento en ese pequeño comedor que tenían dentro de su cocina y que utilizaban solamente para tener esos momentos familiares en el desayuno o la cena.
Mientras platicaban sobre varios momentos agradables que terminaban en risas, Nash se acercó con su pequeña pelota con la intención de que Nett se la lanzara y jugar como solían hacerlo. La primera vez Nett utilizó su pie para hacerla llegar lo más lejos posible con dirección a la sala. Y así transcurrieron un par de ocasiones.
Nash le trajo la pelota una vez más, pero esta vez, cuando Nett la pateó, le pegó al recipiente con agua que ponían siempre en la cocina para que Nash bebiera constantemente. Y la pelota se quedó entre el recipiente y la pared.
Se notó en la cara de Nett que le daba demasiada flojera tomarla de nuevo, pero se arrastró junto con la silla para no hacer mayor esfuerzo y levantarse. Aquello le dio mucha risa a sus papás porque tenía que dar una serie de pequeños brincos sin despegarse de la silla para acercarla a la pelota. Cuando estuvo bastante cerca, sin levantarse, Nett se inclinó y se estiró para poder alcanzar su pequeño objetivo.
Al tener su brazo completamente recto, le faltaban pocos centímetros para llegar a la pelota; se inclinó un poco más y de pronto una sensación muy parecida a la electricidad le recorrió el mismo brazo. Una luz azul en forma de rayos eléctricos, con un aspecto sumamente llamativo, salió de la palma de su mano haciendo brillar sus dedos. Sonó una ligera explosión y Nett quedó totalmente pasmado, mientras las risas de sus padres por una anécdota comenzaban a apagarse, Nett sintió que dejó de escuchar por algunos segundos, volteó hacia ellos y confirmó que no se habían percatado de absolutamente nada.
Sólo se escucharon los pasos de Nett subiendo las escaleras corriendo hacia su habitación. La señora Abigail y el señor Augusto se voltearon a ver con demasiada extrañeza, ella tuvo la intención de levantarse de la mesa para tener conocimiento sobre lo que había sucedido, pero el señor Augusto la detuvo diciéndole que le diera unos minutos a solas a Nett. La señora Abigail se sentó nuevamente y continuaron disfrutando el agradable momento que estaban teniendo.
El sonido de la puerta azotándose invadió la casa. Nett se miró desesperadamente en su espejo de cuerpo completo que tenía atrás de la puerta y comenzó a tocarse la cara. Abrió los ojos y trató de revisar cada detalle de sus pupilas, se levantó la playera, observó sus manos y no notaba algo fuera de lo normal.
—Tranquilo, Nett –se mencionó mirándose al espejo–. Seguramente nada de eso sucedió.
Dio un fuerte suspiro, y se quedó sentado en su cama. Cuando de pronto, al observar el espejo nuevamente, con un rostro lleno de curiosidad se levantó, y se dio cuenta que sus ojos estaban comenzando a brillar con un ligero color rojo. Se acercó para percibir mejor los detalles, y un golpe en su interior lo hizo notar que las venas de sus brazos estaban más evidentes de lo normal. De la nada, sintió una descarga eléctrica en su ser, y al no poder controlar el movimiento, su brazo derecho pareció ser lo más cercano a un látigo volviendo a generar un cúmulo de luz azul que se estrelló en la pared de su cuarto.
—¿Qué es esto? –dijo Nett muy asustado. Volvió a intentarlo, y una vez más con su mano derecha impactó esa estela de luz en una pared. Se miró su mano izquierda, y al realizar el mismo movimiento ocurrió lo que ya esperaba que pasara.
Nett abrió los ojos con muchísima sorpresa, tenía demasiado miedo y no podía entender nada de lo que sucedía con su cuerpo. Vio que sus brazos y sus ojos volvían a la normalidad y se llevó las manos a la cabeza tratando de encontrar respuestas.
Minutos más tarde, Nett se había recostado en su cama y mirando al techo tuvo la ligera sospecha de estar en un profundo sueño. Todas las dudas que tenía en mente fueron perdiendo peso al entender que pronto despertaría. Hasta que el constante ruido de Nash rascando la puerta de la habitación para que le permitiera entrar, lo hizo caer en cuenta de que no era un sueño, todo estaba ocurriendo y necesitaba saber qué sucedía con cada parte de él que ahora cambiaba durante cierto tiempo.
Se levantó de la cama, abrió la puerta y acarició a Nash diciéndole que no sabía lo que acababa de pasar. Hizo un intento más con la mano derecha, y gracias al espejo se percató que cada que salía aquella luz de la palma de su mano, sus ojos se encendían y sentía esa descarga tan inusual en su cuerpo. Terminó de confirmar cada movimiento con su mano izquierda pero a Nash parecía no sorprenderle lo que Nett era capaz de hacer; aunque entre tanta incertidumbre, sólo estaba seguro que jamás olvidaría su cumpleaños número 16.
Así pasaron varios días, Nett trataba de descubrir cómo funcionaba todo aquello con sus manos. Incluso en sus vacaciones de la playa se miraba día con día al espejo con mucha curiosidad poniendo importante atención a sus ojos y al aspecto que le provocaba realizar cada movimiento.
Ya en casa, salía con Nash a jugar al jardín y cuando se percataba que no había nadie más alrededor, lanzaba esas estelas de luz de sus palmas que poco a poco fueron agradándole. Hasta que llegó el final de esas curiosas vacaciones. Y durante aquella última noche, sólo pidió que no fuera tan complicada la misión a la que se enfrentaría al amanecer: sobrevivir al primer día de clases en Academia Verne.

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