ACADEMIA VERNE

Autor: Neverluke.

SINOPSIS:
Nett Cassai, un chico de 16 años, se convierte de la noche a la mañana en el centro de atención de todo Academia Verne cuando descubren que tiene habilidades inhumanas.
Un par de visitas inesperadas en la escuela, y su paso por la adolescencia, se convertirán en la nueva travesía de Nett para enfrentarse al mal del Colegio Rimkey.

Capítulo 4:
La noche que lo cambiaría todo.

La noche previa al cumpleaños de Nett, se recostó en su cama antes de meterse a bañar, Nash subió y se quedó junto a él mientras recibía caricias en su peludo cuerpo.

—Estoy muy cansado, Nash –dijo Nett con esa voz tierna con la que siempre se dirigía a su perrita. Ambos habían pasado todo el día jugando en el patio de atrás, y a pesar de toda la luz del sol, Nett y Nash no dejaron de correr y jugar juntos por bastantes horas.

—Corre, Nash. ¡Ve por ella! –gritaba Nett al lanzarle su pelota roja favorita, y Nash salía disparada detrás para alcanzarla y devolverla.

—¡Ven para acá!

Cuando Nash volvía con la pelota en su hocico, Nett se arrodillaba para extender los brazos y que Nash llegara brincando hacia él muy emocionada de estar al alcance de su amo. Le lamía la cara mientras Nett la abrazaba muy fuerte procurando demostrarle todo su amor.

Se quedaban acostados un rato viendo el cielo, y tratando de encontrar respuestas sobre preguntas absurdas. A Nett le emocionaba mucho imaginar las posibles respuestas que Nash le daría si pudiera hablar, y se sentía muy acompañado con cada mínimo movimiento que hacía.

Tanta ternura le hacía explotar de amor y terminaba dándole un fuerte abrazo. “Por favor nunca te vayas”, era la frase que siempre utilizaba cuando pasaba tiempo con ella. Y de pronto, como si fuera una descarga de energía, Nett se levantaba de sorpresa y la encaraba diciéndole que seguramente no podía atraparlo, para segundos después salir corriendo siendo perseguido por Nash.

Aquel día no fue la excepción, se fueron las horas hasta el anochecer, y Nett ya estaba totalmente agotado en su habitación minutos antes de bañarse.

—Qué hermoso día juntos, mi amor –le tomaba con poca fuerza las orejas a Nash, sacudiéndola mientras pegaba sus cabezas–. Mañana a esta hora ya estaremos en la playa, y seguramente correremos mucho más junto al mar.

Nett se quedó pensando por unos segundos, imaginando ese momento. No era la primera vez que viajaban juntos a la playa, pero por alguna extraña razón sentía muy diferente este cambio hacia sus 16 años. Recordaba todas las veces que había estado rodeado de su familia por sus cumpleaños, incluso la ocasión en la que su papá le había regalado a Nash. Su familia siempre procuraba que fueran cumpleaños inolvidables, y de pronto la emoción le recorría la piel porque ya faltaban pocas horas para su nueva edad.

De pronto, un ladrido de Nash trajo a Nett de vuelta de aquel viaje mental. Dio un brinco, sacudió su cabeza abriendo los ojos, y se retiró los lentes para colocarlos en su buró que tenía junto a la cama.

—Ya voy, Nash. Ya voy. Yo también tengo hambre, pero merezco un baño primero.

Nett hizo un pequeño esfuerzo para levantarse de la cama y se dirigió a la bolsa de comida de Nash para servirle su plato de cena. Nash no dejó de seguirlo durante todo su recorrido moviendo la cola como todas las veces lo hacía. Y cuando escuchaba el sonido de las croquetas cayendo en su recipiente, daba una vuelta de la emoción.

—¿Cenas con nosotros? –gritó el señor Augusto desde la cocina–. Ya le estoy preparando la cena a tu mamá.

—¡Voy a bañarme rápido! –le contestó Nett tomando su toalla–. Me siento muy cansado, pero ahorita bajo.

Nett tomó su pijama y se dirigió al baño. El sonido del agua comenzó a escucharse mientras caía en el suelo de la regadera. Nett se estaba lavando los dientes y esperaba a que se calentara el agua. Comenzó a desvestirse cuando notó en el espejo un movimiento muy extraño a la altura de sus pulmones por dentro de la piel. Y sintió un pequeño piquete que no era para nada normal. Reaccionó al dolor llevándose la mano a su pecho, y dejó que se calmara todo. A los pocos segundos ya no sentía molestia alguna, por lo cual se miró al espejo con un rostro de extrañeza y se dio la vuelta para meterse a la regadera.

Al bañarse, comenzó a notar que percibía una sensación muy extraña en su piel, intentó modificar el agua primero a más fría y luego a más caliente, y todo parecía estar normal, le incomodaban ambos extremos de temperaturas, pero el cansancio empezó a llenar su cuerpo, sus respiraciones eran demasiado notorias y trataba de realizar su rutina de baño como siempre la había hecho. Un dolor muy extraño alrededor del cuello apareció y le provocaba mover su cabeza constantemente llevándose las manos hacia esos lugares en donde le dolía. Recargó sus manos en la pared dejando que el agua le cayera sobre la espalda, y cabizbajo continuaba respirando con dificultad.

A los pocos segundos levantó ligeramente la mirada y volteó a verse en el espejo que su papá Augusto había colocado dentro de la regadera para rasurarse, estaba algo empañado por lo que utilizó su mano para poder hacerlo más visible. Fue demasiada la sorpresa al ver que algo en sus ojos se veía muy extraño. Un intenso color rojo se apreciaba, se le marcaban ojeras que jamás había tenido y las lágrimas comenzaban a salir, respiraba por la boca y el pecho continuaba doliéndole mucho.

De pronto, como si algo estuviera planeado para interrumpir sus pensamientos de incomprensión, se escucharon unos golpes en la puerta del baño.

—Tu papá y yo prepararemos una malteada para la cena, ¿también quieres una? –preguntó la señora Abigail desde fuera.

—No, mamá. Prefiero ya no cenar, estoy muy cansado –contestó Nett procurando que no fuera notorio en su voz lo que estaba ocurriendo.

—De acuerdo, te acuestas enseguida que salgas. Yo le aviso a tu papá.

La señora Abigail se alejó de la puerta para dirigirse a las escaleras, cuando escuchó un quejido muy bajo en volumen. Una reacción de curiosidad le invadió el rostro y regresó al baño por el pasillo.

—¿Todo bien, Nett?

—Sí, mamá. Sólo se me cayó el jabón en el pie.

—Ten más cuidado, cariño –y esbozó una pequeña sonrisa con aquella actitud con la que sabía que su hijo solía ser un poco despistado ante ciertas situaciones.

En la regadera, Nett se había arrodillado de la incomodidad que sentía en su ser, y vomitó un poco con una consistencia muy extraña. El agua continuaba cayendo sobre su cuerpo y su vista comenzaba a nublarse. Intentó sostenerse de las llaves para ponerse de pie, pero su mano resbaló al sostener la llave del agua fría, lo cual provocó que en cuestión de segundos el agua helada saliera. Nett hizo un movimiento al reaccionar por el cambio de temperatura y de la nada, como si eso hubiera ayudado en algo, sintió que todo había vuelto a la normalidad, no sentía nada incómodo ni algún tipo de dolor.

Su cara se llenó de extrañeza, volvió a verse en el espejo y todo parecía estar en su lugar. Cerró las llaves, el agua dejó de salir y se quedó por lo menos un minuto reflexionando sobre lo que acababa de pasar con una respiración bastante agitada.

Nett no tardó en acomodarse en su cama, no dejaba de pensar en todo lo que había sucedido. Colocó sus lentes en su buró, se talló los ojos y se tapó con algunas sábanas dándole la espalda a la puerta de su habitación.

En cuestión de poco tiempo, escuchó que la puerta se abrió ligeramente, y sintió que algo había subido en su cama. Sin mayor preocupación, hizo ese movimiento que realizaba todas las noches como rutina para dejar entrar a su perrita Nash en su cama y dormir con ella. Nash se acomodó y como si ambos estuvieran más conectados de lo que cualquier persona podría creer, cayeron profundamente en sus sueños.

El reloj de su buró marcaba la 1:27 de la mañana, cuando Nett entreabrió los ojos y notó que estaba sudando demasiado. Su respiración se escuchaba bastante fuerte y decidió acomodarse en posición fetal por el malestar que sentía en todo su cuerpo. Un cansancio extremo, una temperatura muy alta, dolor en el pecho, problemas para respirar; todo lo había invadido dándose cuenta que comenzaba a ver muy borroso.

Nett intentaba generar algo de ruido para alertar a Nash o a sus padres, pero no lo conseguía, incluso parecía que Nash había caído en un fuerte sueño porque no percibía nada extraño en la habitación con el malestar de Nett.

El poco reflejo de la luna entraba por las cortinas, lo cual le permitía saber a Nett que aún era de noche, intentaba alcanzar a ver el reloj, pero no podía. Sus ojos volvieron a llenarse de ese rojo intenso y el dolor incrementó dentro de su piel. Nett comenzó a retorcerse y sus quejidos eran muy fuertes, pero parecía que nadie alcanzaba a escucharlo. Se llevó sus manos a su frente para limpiar el sudor, y en su cuerpo comenzaron a sobresalir sus venas. De pronto, tuvo una sensación sumamente parecida a un fuerte golpe en el vientre que casi lo hizo incorporarse, su cabeza se inclinó hacia atrás y se pudo observar como sus ojos pasaban de aquel rojo a su estado normal, provocando que Nett se desvaneciera en la cama. Lo siguiente que pudo apreciar era cómo el reflejo de la luna se iba apagando poco a poco. Estaba perdiendo la conciencia.


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