ACADEMIA VERNE

Autor: Neverluke.

SINOPSIS:
Nett Cassai, un chico de 16 años, se convierte de la noche a la mañana en el centro de atención de todo Academia Verne cuando descubren que tiene habilidades inhumanas.
Un par de visitas inesperadas en la escuela, y su paso por la adolescencia, se convertirán en la nueva travesía de Nett para enfrentarse al mal del Colegio Rimkey.

Capítulo 1:
Un adiós inevitable.

El pasillo de la Escuela Londian estaba envuelto en toda la tranquilidad previa a ese sonido característico que anunciaba la hora de salida. Para algunas personas era el momento de libertad más esperado del día; aunque para algunas otras, significaba todo aquello que debían enfrentar fuera de ese refugio académico. Y por si fuera poco, no era un día cualquiera, era el último de ese viaje que, luego de un verano, daba inicio a un nuevo ciclo escolar.

Dentro de los salones se escuchaban algunas voces que complementaban ese ambiente de despedida, algunas personas comentaban sobre sus próximos planes vacacionales y sobre la emoción que les causaba terminar dicho ciclo. Sin embargo, en uno de esos tantos grupos, la nostalgia invadía cada mínimo rincón presumiendo los recuerdos más valiosos de aquellos últimos años. Era el final de ese camino académico, y un cúmulo de sentimientos encontrados recorrían las paredes de aquella pequeña aula.

—Prométanme que nos veremos muy seguido –se escuchaba una voz que provenía de una adolescente que mostraba ser líder de su grupo de amistades.

—La voy a extrañar mucho, profesora.

Un joven de apariencia más infantil se acercaba a la docente para también agradecerle por todo lo que había transcurrido en su proceso de aprendizaje durante esos significativos años. Y unas cuantas lágrimas rodaban por el rostro de distintos alumnos que intensificaban el momento de despedida como una de las peores tragedias, pues esa separación era para muchas personas el rompimiento de algo inevitable a lo que se debían enfrentar, dejando nublar las nuevas experiencias que estaban por venir.

A pesar de esos evidentes círculos de amigos, una convivencia general se hacía presente durante esos últimos minutos de clase, aunque había quienes le daban total crédito a que era el ambiente de melancolía lo que hacía que se percibiera como si todo el grupo estuviera totalmente unido.

Risas, bromas, lágrimas, abrazos, y miradas que reflejaban cuánto iban a extrañar ese lugar. La pequeña aula era un conjunto de emociones adolescentes que vagamente permitían darse una idea sobre cómo había sido ese grupo durante su estancia en Escuela Londian. Incluso se podía presenciar cómo algunas personas pedían perdón, otras perdonaban, pero no dejaban de soltar cargas que llevaban desde hace tiempo atrás, dándose cuenta del verdadero último episodio que estaban escribiendo juntos, antes de que el sonido del timbre diera pauta al punto final.

Sin embargo, entre todas las personas que llenaban con su esencia ese salón, pasaba totalmente desapercibido un chico de 15 años que se encontraba sentado en la última silla de aquella fila pegada al muro. Refugiado en su mundo sin darle mayor importancia a lo que sucedía, el chico observaba lo que era posible desde la ventana de ese segundo piso. Su cabello ondulado cubría su frente y sus lentes se empañaban un poco con cada respiración, pues su mano izquierda obstruía una parte de su nariz al respirar.

En dicha aula, no tenían conocimiento profundo sobre ese chico a pesar de los años compartidos junto a él. Había quienes se atrevían a bromear con que solamente sabían su nombre gracias a que él siempre levantaba la mano cuando los profesores mencionaban a Nett Casai. Y por si fuera poco, se tenía la certeza que entre el grupo tampoco existía mayor curiosidad por él. Las pocas palabras que llegaba a expresar eran relacionadas a los temas de las clases; y si debían trabajar en equipo, Nett se limitaba a estar de acuerdo con cualquier decisión que se tomara.

Muy pocas personas podían contar que alguna vez se habían dirigido a él, pero todas y todos coincidían con que sus conversaciones no tenían nada asombroso. Así que luego de unos meses de haberlo conocido, la mayoría optó por dejarlo ser en su propio mundo, y que pasara casi desapercibido en Escuela Londian.

Aquel último día de clases no era la excepción, Nett se encontraba sosteniendo su cabeza sobre su mano derecha observando la vida de afuera del salón por la ventana, sin mayor importancia entre el resto del grupo. Su mirada anunciaba una mezcla extraña entre melancolía e indiferencia que, cualquier persona hubiera jurado que sus sentimientos estaban plena y conscientemente apagados. Pero ese mínimo brillo de melancolía en sus ojos, hacía entender que el inicio que se avecinaba para el próximo ciclo le provocaba cierta cantidad de temor. Él sabía que debía enfrentarse una vez más a la terrible incomodidad de algo nuevo, y de intentar sobrellevar las primeras referencias negativas que todo mundo se creaba sobre él cuando notaban que no solía disfrutar mucho estar entre la gente.

La profesora Jackie pidió que se sentaran en sus respectivas bancas, tenía la buena intención de hacer un pequeño ritual de despedida dentro del salón de clases para decirle adiós a todo lo bueno y lo malo que habían vivido ahí dentro. Faltaban pocos minutos para que terminara la clase, así que procuró hacerlo de manera breve, pero muy significativa.

—Hemos pasado tantos momentos dentro de este salón, hemos aprendido mucho, hemos reído, nos hemos molestado, he tenido que regañar muchísimas veces a ciertas personas…

—Bruno, por ejemplo –mencionó una alumna entre risas con todo el grupo, haciendo sonreír a la profesora Jackie.

El inquieto Bruno, que parecía no poder guardar silencio por más de algunos segundos, sonrió mientras disfrutaba cómo el salón entero volteaba a verlo.

—Pero mis travesuras siempre fueron con cariño, profesora –mencionó Bruno.

—¡Pues cuánto cariño me tenías!

La risa invadió las paredes mientras los alumnos sabían que esas eran las últimas veces que ello ocurriría.

—Profesora, ¿qué pasará con Cocada? –preguntó un alumno triste.

Cocada era la mascota de la clase, un cuyo color amarillo de pelo largo, que todos se habían comprometido a cuidar a lo largo del ciclo escolar.

—La llevaré conmigo y la seguiré cuidando, chicos. No tienen nada de qué preocuparse –mencionó la profesora Jackie con voz amable–. Y por todo lo que hemos vivido aquí –continuó–, es muy importante que podamos despedirnos bien de este maravilloso lugar. Quiero que cierren los ojos y se tomen este último minuto para pensar en los momentos más felices que tuvieron junto a sus compañeros, esos momentos en donde de verdad disfrutaban cada segundo y que deseaban que no se acabara el día. Esos maravillosos instantes en los que no dejaban de sonreír con sus amigos o sus profesores.

Un silencio muy afortunado se hizo presente dentro del aula mientras la profesora Jackie recorría cada fila que se hacía entre las bancas. Notaba que los alumnos disfrutaban mucho ese pensamiento tan íntimo sobre sus mejores recuerdos, y algunas ligeras sonrisas permanecían en los rostros de sus estudiantes.

A pesar de ello, se podía percibir la tristeza a través de la mirada de la profesora, había sido un grupo muy destacado, y aquellas ocurrencias que a veces la sacaban de quicio, hacían que cada día les tuviera más y más cariño.

Ubicaba a la perfección a cada persona que estaba en su respectiva banca, incluso se tomaba el tiempo de sacudir el cabello de varios de ellos mientras caminaba alrededor. Pero no dudó en detenerse y realizar un último intento para ver si conseguía compaginar con aquel estudiante que nunca había permitido abrir sus emociones.

Se encorvó ligeramente, colocó su mano derecha sobre la banca y su mano izquierda sobre la espalda de Nett. El chico, quien en ningún momento siguió las instrucciones para realizar la actividad y tenía los ojos abiertos, evitó interceptar su mirada, ya sabía la incómoda conversación que estaba por venir, y trató de mantenerse tranquilo, aunque su respiración terminaba por delatarlo un poco.

—¿Qué ocurre, Nett? –preguntó la profesora Jackie con su cálida voz, un poco más dulce y tierna de lo normal–. ¿Prefieres no pensar en nada? –continuó con la intención de obtener un mínimo acercamiento con él.

Nett sólo negó con la cabeza, y trató de bajar un poco la mirada mientras observaba cabizbajo cómo sus demás compañeros disfrutaban mucho la última actividad de esa etapa académica. Se percataba de las sinceras sonrisas que se detonaban en todos, pero parecía no afectarle en lo absoluto que él no participara en ello.

Le causaba cierto grado de indiferencia notar que todos pensaban en un cúmulo enorme de recuerdos, incluso había quienes los mencionaban en voz baja provocando algunas risas entre sus amistades cercanas. En cuanto a Nett, no era que no quisiera realizar esa actividad, él sabía la buena intención que tenía la profesora Jackie, y agradecía en su interior las millones de ocasiones en las que había intentado acercarse a él para generar un vínculo mucho más cercano, pero fue en ese instante en el que se dio cuenta que no tenía algún tipo de recuerdo así de agradable. De cierta manera disfrutaba estar en la escuela, porque mientras ocurría la clase sólo se dedicaba a pensar en lo que estaba escrito en el pizarrón, y tenía la certeza de que todos estaban distraídos con ello, dejando de lado las constantes preguntas sobre qué sucedía con Nett y por qué era un chico tan reservado.

Fugazmente, trató de pensar en algún recuerdo malo, y dejando de lado la incomodidad sobre ser alguien que no compaginaba en demasía con el grupo, se sorprendió de no tener una referencia clara sobre algún momento negativo en Escuela Londian. Una sonrisa estuvo a punto de aparecer en su rostro, pero decidió evadirla haciéndose consciente de lo que implicaría que lo vieran sonreír de último momento.

La profesora Jackie observó cuidadosamente cada movimiento de Nett, y una extraña sensación de gusto la invadió al percatarse que su alumno no la había pasado del todo mal. Despeinó un poco más su alborotado cabello, y aunque fue un completo fracaso su último intento de acercamiento, se sintió satisfecha con verlo casi –imperceptiblemente– sonreír.

Poco a poco los alumnos abrieron los ojos con una expresión de muchísima nostalgia. Dos chicas, que se veía desde la lejanía la gran amistad que llevaban, se tomaron de la mano con la seguridad de que ellas seguirían escribiendo momentos juntas.

—Continúen con su exitoso viaje académico, chicos –mencionó la profesora Jackie–. Sean buenas personas. Recuerden que los estudios siempre serán un maravilloso refugio.

Y como si todo hubiera sido perfectamente planeado, al finalizar aquella frase el último timbre sonó, dejando que el ruido de un pequeño mundo de estudiantes inundara el pasillo de la escuela y llenara cada espacio con jóvenes que no se molestaban en expresar los sentimientos que les provocaban las vacaciones que ya estaban comenzando.

Nett recogió sus cosas y dirigió una pequeña sonrisa a la profesora Jackie sabiendo que era momento de cambiar de página en aquella travesía en Escuela Londian. La profesora le sonrió de vuelta con una mirada repleta de ese brillo tan especial que sólo los maestros tienen al observar a una persona a la que le espera un gran futuro.

Batallando un poco con el peso de su mochila, Nett cerró la puerta del salón de clases y se introdujo en el incómodo mar de gente del pasillo, bajó las escaleras y agradeció que ese camino académico terminara, dedicándose a la intriga de cómo sería entrar a la Preparatoria.


Deja un comentario