AYUDA
(Relato de terror)
Autor: Neverluke.
Todo escurría desde la tubería del fregadero hasta el suelo de la cocina, pensé que sería un verdadero martirio limpiarlo todo. ¿Cuánto tiempo me llevaría? La regadera del baño ya había sido colocada nuevamente, y la coladera se había roto con tanto movimiento. Los compartimientos de la parte de abajo del lavabo seguían abiertos con todos mis productos del baño regados en el suelo. La llave del patio trasero goteaba llenando poco a poco la cubeta que había colocado para que no se desperdiciara el agua; me desesperaba en demasía esos minutos próximos a haberla cerrado en donde seguía cayendo gota a gota.
Me coloqué justo detrás de él, sus piernas inmóviles se alcanzaban a asomar desde abajo del fregadero. El martillo y otras herramientas estaban quietas justo en el lugar en donde se habían aventado. Mil preguntas pasaban por mi mente y sólo esperaba que se pudieran contestar durante los siguientes segundos. Hasta que por fin escuché su voz.
—Pues no. Parece que todas las tuberías están en perfecto estado. O al menos funcionan bastante bien –dijo el plomero levantándose del suelo.
Contraté sus servicios porque desde hace un par de días habían estado escuchándose cosas extrañas provenientes de las tuberías de mi casa. Mi mejor amiga me decía una y otra vez que era la mayor prueba que necesitaba para dejar de ser incrédulo hacia los temas paranormales, pero su necedad con esos temas me provocaba mucha desesperación. Había llamado al plomero con la esperanza de que las tuberías fueran el problema, pero no había funcionado.
—¿Dice que escucha unos ruidos extraños a través de las coladeras?
—Sí, no he logrado saber de dónde provienen –respondí decepcionado ante la conclusión del plomero.
Le pagué por la breve revisión, y me dispuse a limpiar todo una vez que salió de mi casa. Habíamos intentado hacer un par de pruebas con agua para identificar si algo estaba roto y provocaba los sonidos, y ahora debía secar el suelo de la cocina, el baño y el patio trasero.
Terminé de limpiarlo todo, me lavé las manos y con un poco de agua traté de arreglar mi alborotado cabello viéndome al espejo. Algo tronó en la tubería y expulsaba el sonido por la coladera del lavabo. Observé con curiosidad.
—¿Por qué no hiciste eso cuando estaba el señor? –pensé desesperado.
Decidí acercar mi oído sintiéndome la persona más ridícula por estar haciéndolo.
—Ayuda.
Escuché un susurro claramente. Levanté la cabeza asustado, queriendo que no fuera real. Me miré en el espejo, y un miedo inmenso se apoderó de mí, no quise poner atención a ningún reflejo al que pudiera exponerme y ver algo que no quería, pero recordaba la voz de mi mejor amiga hablándome sobre esos temas absurdos y mi mente se distraía alejando el miedo.
—Ayúdame.
Una vez más percibí el susurro. No era parte de mi mente, pude asegurarme.
«Si le contestas a una voz del más allá, abres un portal de comunicación» recordé las palabras que me mencionó alguna vez mi mejor amiga. Decidí llamarle, debo confesar que los segundos de espera fueron eternos.
—¿Qué quieres, estúpido? –dijo con su tono tan normal mientras yo moría de miedo.
—Güey, no me vas a creer –expresé mientras no dejaba de observar la coladera del lavabo–. Dijo el plomero que todo está perfecto, terminé de limpiar y volví a escuchar los ruidos.
—Ya. ¿Y qué hay de nuevo? –comentó con indiferencia.
—Ahora fue una voz.
—¿Qué? ¡Obvio no!
—Te lo juro.
—Pon el teléfono en la coladera. Necesito escuchar eso.
Me acerqué de manera muy sigilosa y coloqué el teléfono de forma que fuera posible para Andrea escuchar, sólo en caso de que aquella voz volviera a decidir hablarme a través del lavabo.
Los segundos pasaron y parecía una broma sumamente mal planeada. Me desesperé y pensé en lo ridículo que estaba siendo el motivo de haberla llamado.
—No sé qué estoy haciendo, And.
—Por favor. Ayúdame.
La voz volvió a sonar.
—¿Escuchaste?
Pero Andrea no contestó.
—¿And? ¿Escuchaste? –repetí mientras continuaba con la piel erizada.
—¿Qué onda contigo, güey? ¿Todo bien?
—¿Escuchaste? –respondí apresurado.
—No. Te estoy hablando y no me respondes.
—No se escuchaba nada.
—A ver, pásame a tu fantasmita. Pon el celular otra vez en el lavabo.
Fue inevitable reírme, y accedí a realizar dicha acción. Una ráfaga de viento entró por la ventana, pero no le di importancia. Necesitaba entender qué estaba sucediendo.
—Ya te está escuchando –sonreí al poner el celular en la coladera.
—¡Hola! ¿Necesitas ayuda? –gritó Andrea desde el otro lado de la línea. Su voz resonó por toda la tubería ocasionando un efecto bastante espeluznante–. ¿Hay alguien ahí? ¿Necesitas ayuda? –pero nada respondía–. ¿Estás seguro de lo que estás escuchando? ¿No será sólo algo de tu mente? –se dirigió a mí.
—¡Te juro que la escuché hablar! Intentaré llamarte de nuevo al rato –contesté decepcionado por no haber podido demostrar aquello que me estaba envolviendo en la locura.
Colgué la llamada, me recargué en la pared para dejarme controlar por la respiración agitada luego de lo que acaba de escuchar. Me llevé las manos al rostro, y tomé la chapa de la puerta para abrirla.
—Sí.
Se escuchó la voz de forma muy clara. Mi cuerpo se paralizó, y lentamente pude voltear hacia el lavabo.
—Ayúdame a salir –pronunció susurrando.
Mi corazón comenzó a latir rápidamente.
—¿Hola? ¿Hay alguien ahí?
«Si le contestas a una voz del más allá, abres un portal de comunicación» sonó en mi mente.
—¿Me escuchas? –grité nuevamente hacia la coladera del lavabo ignorando en su totalidad las palabras de Andrea–. ¿Hola? ¿Necesitas ayuda?
—Gracias.
Escuché detrás de mí mientras una mujer sonreía y se dejaba ver en el espejo. Es todo lo que recuerdo. Fue así como llegué al cielo.
