WALKIE 2: EL MISTERIO

Autor: Neverluke.

SINOPSIS:
Algunos niños están desapareciendo del Orfanato 47. El detective Dante debe encontrar la mayor cantidad de respuestas con el Padre Curiel para no permitir que las desapariciones continúen, pero mientras más pasan los días, esta investigación sólo revive uno de los sucesos más escalofriantes de la ciudad: La noche trágica.
Ahora ambos tendrán que enfrentarse a los misterios que continúan sin resolverse de aquella noche, y revelarán la verdad de un niño llamado Timmy y su aterradora voz proveniente del más allá.

CAPÍTULO 6:
La hora de nuestra muerte

Por lo menos una decena de niños ensangrentados caminaban hacia los policías. Su aspecto era atemorizante. Sus ojos mostraban un color negro infinito, pero al avanzar se iban tornando a color blanco mientras reían.

Una canto que provenía del pequeño niño sonó, dejando a los policías paralizados del miedo.

—¡Detective! –gritó uno de los policías.

—¡No se acerquen más! ¡Aléjense! –exclamó su compañero.

—¡Subamos a la patrulla! –dijo un tercer policía–. ¡Detective Dante!

El detective Dante corrió hacia la entrada. Abrió el portón y salió hacia la calle en donde se encontraban sus compañeros de la comisaría. La escena era verdaderamente terrorífica.

—¡Agentes! ¡Aléjense de los niños! –ordenó Dante–. ¡No! ¡No lo hagan!

Una serie de disparos se escucharon, y el Padre Curiel corrió al mismo lugar en donde ya se encontraba el detective Dante.

—¡No les disparen! –gritó el Padre.

Pero ya era demasiado tarde, una energía invisible impedía que las balas llegaran a los niños, y éstas terminaban impactando de regreso en los policías. Los tres cuerpos yacían sobre la patrulla.

Dante dejó invadir su rostro por el miedo y la sorpresa de la muerte de sus compañeros.

—¡Te pedí que no los trajeras! La señal de todos los radios sólo hacen más poderoso a Timmy.

—¿Timmy? ¿Quién es Timmy? –preguntó Dante con lágrimas en los ojos.

Aquel canto aterrador volvió a sonar, pero ahora a través del radio de la patrulla causando una incómoda interferencia.

—Dante, ponte detrás de mí –ordenó el Padre Curiel–. ¡Escúchame bien, Timmy! Hoy ya nadie tiene la culpa de lo que te sucedió. Deja a los pobres niños en paz. ¡Ellos no te han hecho nada!

La aterradora risa de Timmy sonó a través de los radios. El ambiente se ponía cada vez más tenso, y de un segundo a otro esa malvada risa se convertía en llanto, erizando la piel de toda persona que lo escuchaba.

—¡Por favor, ayúdenme! –dijo Timmy con una voz asustadiza–. Ya no quiero estar con ellos –continuó.

—¡Padre! –interrumpió el detective Dante–. ¿Por qué hay tantos niños ensangrentados?

—No los veas, Dante. ¡No los veas! –enfatizó.

—¿Estos niños vienen contigo, Timmy? –tomó valentía Dante para preguntar–. ¿Por qué no podemos verte a ti?

Pero el Padre Curiel tomó fuertemente del brazo a Dante para detener la conversación.

—¡Shhh, Dante! No hables con él –dijo muy molesto–. ¡Por favor no le pidas verlo!

El walkie talkie que tenía el detective Dante en su mano encendió la señal de comunicación y Timmy comenzó a cantar:

No me puedes ver. ¡No me puedes ver!

De pronto, un silencio abrumador se hizo presente dejando en el pasado el canto de Timmy, pero su tierna y terrorífica voz sonó en el oído derecho del detective.

—Estoy aquí.

Una explosión hizo reaccionar a Dante, quien estaba helado por lo que acababa de escuchar. De manera descuidada, dio un paso para atrás chocando con el Padre Curiel. El temor no dejaba de protagonizar sus emociones.

—¿En dónde estás, Timmy? –le preguntó Dante con la voz temblando.

Pero el Padre Curiel interrumpió la posible respuesta tomando de la mano al detective. Y dando un último vistazo al cielo, cerró los ojos y comenzó a rezar.

Padre nuestro que estás en el cielo. Santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase, Señor, tu voluntad en la Tierra como en el Cielo . Danos hoy nuestro…

Mientras el Padre Curiel rezaba, el detective Dante se sorprendió al ver que todos aquellos niños ensangrentados empezaban a caminar hacia ellos.

—¡Padre! –gritó–. ¡Se están acercando todos! ¡Padre! –insistió–. ¡Emilio y Jessica! Los dos niños desaparecidos están ahí entre ellos. ¡Puedo verlos!

Dios te salve, María, llena eres de gracia… –continuaba rezando el Padre con mayor intensidad.

—¡Padre, los niños desaparecidos del orfanato! ¡Están ahí! –intentaba Dante llamar su atención.

Santa María, madre de Dios; ruega, Señora, por él y por nosotros los…

—¡Padre! –insistió el detective–. ¡Los niños! Ninguno tiene ojos –gritó aterrado.

El walkie-talkie volvió a sonar con distintas interferencias y señales. Y el canto de Timmy se hizo presente una vez más tarareando.

Los ojos del detective se abrieron inmensamente de golpe cuando logró distinguir a un hombre detrás de todos aquellos niños ensangrentados. El miedo no permitía que lograra pronunciar palabra alguna.

—Padre… –respiró profundamente–. Hay un señor atrás… –dijo de manera muy lenta–. ¡Hay un señor atrás de todos los niños!

El hombre se balanceaba de un lado a otro. No se alcanzaba a distinguir absolutamente nada de su rostro. Su silueta se tambaleaba arrastrando la bata que llevaba como vestimenta. Una bata muy desgastada con señales claras de que pertenecía a algún hospital.

Dios te salve, María, llena eres de gracia… –el padre intensificó su rezo.

La silueta de aquel hombre seguía balanceándose. Los niños ahora parecían estar quietos, pero su rostro ensangrentado y sin ojos asustaban a cualquiera.

Santa María, madre de Dios; ruega, Señora, por él y por nosotros los pecadores, ahora…

La voz del pequeño niño volvió a comunicarse a través del radio y acompañó las últimas palabras de aquel rezo del Padre.

Y en la hora de…

Un cambio aterrador de voz se escuchó en el lugar. La voz de ese niño cambió repentinamente a una voz gruesa y tenebrosa.

Nuestra muerte –concluyeron ambos el rezo.

Un quejido rompió con la tensión del ambiente. El detective Dante volteó a ver al padre Curiel, pero éste se estaba desvaneciendo. Todo parecía ocurrir en cámara lenta. Dante intentó tomarlo del brazo, pero la fuerza del Padre lo llevó a perder la estabilidad en los pies y ambos fueron a impactarse hacia el suelo.

—¡No! ¡Padre! –gritó desesperadamente Dante.

La risa del pequeño niño que no había dejado verse sonó alejándose. El detective Dante notó que los niños ya habían desaparecido junto aquel hombre.

—Padre, no –mencionó con bastante dificultad–. Por favor responda. ¡No se vaya, Padre! –y las lágrimas comenzaron a invadir sus mejillas–. ¡Padre, conteste! Ya todos se han ido.

Pero el pecho de Dante se había convertido en el recinto de un dolor indescriptible, y un vacío muy fuerte lo hizo perder la compostura.

—¡Padre! ¿Por qué? –dijo llorando mientras sostenía el cuerpo sin vida del Padre acercándolo a su pecho.

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