WALKIE 2: EL MISTERIO
Autor: Neverluke.
SINOPSIS:
Algunos niños están desapareciendo del Orfanato 47. El detective Dante debe encontrar la mayor cantidad de respuestas con el Padre Curiel para no permitir que las desapariciones continúen, pero mientras más pasan los días, esta investigación sólo revive uno de los sucesos más escalofriantes de la ciudad: La noche trágica.
Ahora ambos tendrán que enfrentarse a los misterios que continúan sin resolverse de aquella noche, y revelarán la verdad de un niño llamado Timmy y su aterradora voz proveniente del más allá.
CAPÍTULO 4:
Sobrevivir esta noche
Fue instantáneo el cambio total en el rostro del Padre Curiel, quien se llevó las manos a la cabeza y con una intención fuera de lo normal, comenzó a dar pasos por toda la habitación.
—¡Está sucediendo lo que tanto temía –dijo mientras mantenía un ritmo constante en sus pasos con desesperación–. Tenemos que esperar al anochecer, creo saber lo que está pasando –concluyó.
—¿Al anochecer? –exclamó el detective Dante alzando la voz–. ¿Y quedarme de brazos cruzados todo el día? –continuó–. ¡Padre, ese no es mi trabajo!
—Dante, pon mucha atención –dijo el Padre bajando el volumen de la conversación–. Ve a tu casa, báñate, ponte ropa cómoda y descansa –lo miró fijamente–. Esta noche te vas a enfrentar a tu caso más grande.
La tensión en el dormitorio parecía ir aumentando con cada palabra que pronunciaba el Padre Curiel.
–Y por favor –agregó–, pase lo que pase no pidas apoyo en la comisaría.
Eran las 10:53 de la noche cuando el detective Dante volvió al Orfanato 47. El sonido de la noche planeaba brindar tranquilidad, pero la adrenalina en aquel espacio impedía que la calma tomara lugar.
El detective Dante le llamó al Padre Curiel, quien enseguida ordenó dar acceso y se dirigió al patio central para encontrarse.
—Hay tantos misterios que se esconden detrás de las paredes de este orfanato –dijo el Padre Curiel–. Misterios que incluso van mucho más allá de aquella noche trágica. Y no tardan en aparecerse.
—¿A qué se refiere, Padre? ¿Quién no tarda en aparecerse? –mencionó Dante mientras observaba atento a su alrededor–. Padre, ¿qué ocurrió con la desaparición de la pequeña? ¿Del niño Emilio tampoco saben nada? –agregó.
—Le pedí a las madres que resguardaran a los niños en el sector 4. Ha sido una noche de bastantes rezos –respondió convencido–. Ellas ya pueden imaginarse lo que está sucediendo.
—¿Pero qué está sucediendo? ¿Y la pequeña? ¿Y Emilio? –insistió.
—No avisaste a la comisaría, ¿cierto? –preguntó el Padre.
—¡Padre! No me está respondiendo absolutamente nada –exclamó Dante con demasiada molestia–. ¿Puede, por favor, contestar todas mis preguntas?
El Padre Curiel suspiró profundamente.
—Tranquilo, Dante –expresó–. Lo que menos necesitamos esta noche son respuestas. Jessica no ha aparecido, y tampoco sabemos nada de Emilio. Tengo el presentimiento que si hacemos todo bien esta noche, podremos encontrarlos aún con vida. Sólo necesitamos sobrevivir hasta el amanecer, y habremos logrado todo –dijo con firmeza.
—¿Sobrevivir?
La explosión de uno de los focos del patio central interrumpió la conversación. Ambos cubrieron sus rostros al escuchar ese sonido tan particular, y procuraron alejarse.
—Ya están muy cerca –mencionó el Padre–. Asegúrate de mantener cualquier tipo de radio apagado. Necesito regresar a mi oficina, espérame unos minutos. No te muevas de aquí –ordenó.
El Padre Curiel se alejó del patio central para dirigirse a su oficina. Un ambiente bastante tenso se provocó cuando el detective Dante se quedó solo, y con mucho miedo se quedó atento a todo lo que ocurría a su alrededor.
A los pocos segundos, una monja salió corriendo de uno de los sectores. El terror tenía control absoluto de su rostro.
—¡Detective Dante! ¡Detective! –se acercó gritando sumamente alterada–. ¡Hay un niño colgado en el patio de atrás!
—¿Qué? ¿En qué parte? –exclamó mientras salía corriendo.
Luego de atravesar un largo pasillo, llegaron al patio trasero.
—¿En dónde está el niño? –preguntó el detective apresurado–. ¡Madre! ¿En dónde…?
Volteó hacia distintos lados, pero no encontraba a la monja. Una llamada entró en su celular.
—¡Padre Curiel! Una monja vino a decirme que…
La mala señal no permitía que el Padre Curiel pudiera entender alguna frase del detective.
—¿La viste? ¿Viste a la monja? –preguntó el Padre haciendo el mayor esfuerzo por escuchar la respuesta.
—¡Sí! La monja vino a decirme que un niño…
—¡Escúchame bien, Dante! –lo interrumpió el Padre Curiel–. No había ninguna monja. Fueron ellos quienes querían llevarte al patio trasero.
El detective procuraba pegar a su oído el celular para escuchar cada detalle, pero la mala señal hacía que la comunicación se complicara.
—¡Dante! Pase lo que pase no…
—Se está cortando la llamada –respondió interrumpiéndolo–. ¿Padre? ¿Sigue ahí? ¿Pase lo que pase no debo hacer qué? Pero una interferencia comenzó a escucharse desde el otro lado de la llamada. De pronto, la voz de un niño pequeño se alcanzó a percibir con bastante claridad.
—Hola. ¿Puedes escucharme?

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