WALKIE 2: EL MISTERIO

Autor: Neverluke.

SINOPSIS:
Algunos niños están desapareciendo del Orfanato 47. El detective Dante debe encontrar la mayor cantidad de respuestas con el Padre Curiel para no permitir que las desapariciones continúen, pero mientras más pasan los días, esta investigación sólo revive uno de los sucesos más escalofriantes de la ciudad: La noche trágica.
Ahora ambos tendrán que enfrentarse a los misterios que continúan sin resolverse de aquella noche, y revelarán la verdad de un niño llamado Timmy y su aterradora voz proveniente del más allá.

CAPÍTULO 3:
Amanecer

—¿Qué? –gritó el Padre Curiel espantado mientras se incorporaba en su cama.

De pronto, la radio que tenía el Padre Curiel puesta en su buró más cercano se encendió. El sonido de la música espantó a ambos.

—¿Qué está pasando, Padre? –preguntó Dante muy asustado.

La música comenzó a ser interrumpida por la interferencia de una señal que se alcanzaba a distinguir muy poco. Dante gritó al darse cuenta que aquella interferencia iba aumentando.

—¿Qué demonios está pasando, Padre?

—¡La luz! ¡Encienda la luz, detective! –ordenó el Padre Curiel.

Al alumbrar la habitación, todo permanecía en estado natural. Una calma inmensa se apoderó del espacio y los cuadros y cruces con figuras religiosas parecían buscar transmitir paz al detective y al Padre.

—¿Qué fue eso? –preguntó Dante muy asustado–. ¿Es esto a lo que se refieren los niños?

—Temo que sí –respondió el Padre Curiel–. Sólo que… –bajó el volumen de su voz–. Ellos nunca han visto a los otros niños.

—¿Cuáles otros niños, Padre?

—El amanecer traerá consigo las respuestas, detective. Intentemos descansar y por la mañana podré explicarle todo en mi oficina.

—¿Intentar descansar? –dijo Dante sumamente alterado–. Padre, no es posible sólo irnos a dormir. ¡Una niña nos estaba observando desde la…!

Pero un grito  muy fuerte a la distancia interrumpió aquella conversación.

—¡Los niños! –reaccionó el Padre Curiel.

Ambos salieron corriendo hacia el sector en donde estaban ubicadas las habitaciones de los niños, pero al llegar notaron que no sucedía nada extraño. Todos estaban perfectamente dormidos.

—No hay ningún niño fuera de cama –dijo el Padre Curiel.

—Pero, ¿de quién eran los gritos? –preguntó Dante muy confundido.

El Padre Curiel observaba atentamente a los niños, mientras recorría las habitaciones. De pronto se detuvo a pensar en pleno pasillo.

—Está jugando con nosotros –murmuró.

—¿Qué dice? –lo miró fijamente el detective–. ¿Quién está jugando con nosotros?

—Dante, escúchame bien. Es hora de irnos a la cama. No podemos dejar que nos atormente lo que resta de la noche –respondió el Padre Curiel provocando no alarmar el ambiente.

—¿Me puede explicar qué sucede, Padre? –preguntó Dante convencido de escuchar la verdad.

—El amanecer traerá consigo las respuestas –repitió.

Y con una enorme cantidad de dudas, el detective Dante y el Padre Curiel, fueron al dormitorio a pasar la noche.

A la mañana siguiente, Dante fue obligado a apartarse del sueño con un llamado muy desesperado y brusco por parte del Padre Curiel.

—¡Dante! Despierte, detective. ¡Despierte, por favor!

—¿Qué pasa?

La voz de Dante aún presentaba dificultades para comunicar.

—¡Ha desaparecido una niña!

—¿Qué dice? –respondió Dante sorprendido e incorporándose–. ¿Quién le informó?

—Una de las madres del sector 2 vino a despertarme en la mañana. Ya fui a revisar todo el Orfanato. No aparece en ningún lado.

—Acérqueme mi libreta, por favor. Necesito conocer todos los detalles –dijo el detective apresurado mientras tomaba su pluma para escribir–. ¿Tiene alguna fotografía de la pequeña?

El Padre Curiel revisó varias fotografías que tenía en su buró, y tomó una en donde se alcanzaba a percibir un grupo de varios niños. La observó atentamente.

—¡Es ella! –señaló a una niña de la fotografía–. Jessica. Siete años –agregó.

El rostro del detective Dante se paralizó por completo y una serie de escalofríos recorrieron su piel.

—Padre –dijo de forma lenta y pausada–, es la niña que nos estaba observando anoche desde la ventana.

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