EL INVIERNO QUE HABITA EN MI PIEL

Autor: Pablo Gracida.

La ciudad está muy fría sin ti. Todo ha comenzado a congelarse desde el momento preciso en el que tus labios pronunciaron el adiós más hiriente que he podido soportar. Aunque ambos sabemos que no, no lo soporté en lo absoluto. La temperatura poco a poco va descendiendo. Qué irreal es ver nevar en un lugar en donde el sol no dejaba de alumbrar, y tus besos y caricias se traducían perfectamente en calor.

Se ha complicado recorrer las calles con la sensación tan friolenta y el viento helado que juega a recordarme que ya no estás. ¿Has escuchado alguna vez la voz del viento? Aquí no deja de gritar lo imposible que será vivir sin ti. 

Me abrazan tiernamente todos y cada uno de los escalofríos que penetran más allá de mi piel. Han encontrado el sombrío camino para anunciarle a mi alma que su otra mitad decidió ir en busca de nuevas sonrisas, y también de nuevas formas de abrigar la locura que tanto la identificaba.

El eco de tus «Te quiero» ya no tarda en esfumarse. Se consume el tiempo y no puedo detener el reloj; la arena va en caída libre con dirección hacia el olvido. Y lo peor de todo es que nunca aprendí a borrar memorias. Miro al cielo y no percibo señal alguna de que sólo es un mal clima pasajero. ¿De verdad alguien puede controlar así el entorno? No creo haber sido yo quien dio tanto poder para que hoy se destruya así mi mundo. Y la culpa no deja de esparcir cada mínimo detalle sobre lo que fue.

Intento correr y no puedo. Es mi alma la que me dice que no sólo estoy tratando de avanzar rápidamente. Pero aunque para los demás parezca un acto cobarde huir, escapar de ti es cobardemente inevitable. Cada uno de los rincones de esta ciudad han cambiado tanto desde tu adiós. Y las buenas personas dicen que a partir de ahora será mi misión devolverle la alegría al espacio exterior. Yo sólo quiero que me dejen morir lentamente mientras el frío atraviesa cada templo que construimos. Déjame quedarme una parte de ellos para poder recordar que algún día una persona tan hermosa fue parte de mi universo.

Todo se congela. Y nunca mantuve una relación sana con el hielo de un amor no correspondido. Duele en demasía que ya no estés aquí, y no puedo controlarlo. Ayúdame a sobrevivir a este invierno sin final o al menos a acostumbrarme a vivir temblando, porque tú todo lo puedes. Nunca me cansaré de repetírtelo. 

Tu ausencia anuncia que las bajas temperaturas se mantendrán por bastante tiempo aquí y no he encontrado refugio que me cobije de tu olvido. Sangrar en ambiente frío comienza a ser un reto del que es difícil encontrar salida. Es evidente que mi cuerpo no podría tranquilizarse luego de que tú me brindaras inmenso calor con tu dulce mirada. 

Haz que vuelva arder en llamas la ciudad. Incendia cada centímetro nuevamente mientras gritas con desesperación que ambos debemos permanecer juntos para siempre. Sólo recuerda aunque sea un poco de todo lo que fue este lugar alguna vez. Por lo menos ten piedad, por favor. Ayúdame a no morir mientras intento resguardarme.

Deja un comentario