WALKIE 2: EL MISTERIO

Autor: Neverluke.

SINOPSIS:
Algunos niños están desapareciendo del Orfanato 47. El detective Dante debe encontrar la mayor cantidad de respuestas con el Padre Curiel para no permitir que las desapariciones continúen, pero mientras más pasan los días, esta investigación sólo revive uno de los sucesos más escalofriantes de la ciudad: La noche trágica.
Ahora ambos tendrán que enfrentarse a los misterios que continúan sin resolverse de aquella noche, y revelarán la verdad de un niño llamado Timmy y su aterradora voz proveniente del más allá.

CAPÍTULO 1:
Sin respuestas

Distrito Federal, México. 1995.

Era bastante la cantidad de tierra y polvo que, en forma de nube, los automóviles de atrás alcanzaban a visualizar desde su posición. Las llantas giraban a gran velocidad, el aire entraba por las ventanas generando cierto ruido y, como consecuencia, Dante debía subir el volumen de la música un poco más alto de lo normal para no escuchar algo que no fuera su canción favorita de Luke Combs.

De pronto, pasó por su mente durante unos segundos que ese paisaje entre grandes árboles que hacían lucir aún mejor la carretera, le causaba una ligera ilusión en aquellos años en los que pensaba adquirir la que hoy era su casa. «Siempre veré estos hermosos árboles» se repetía en la mente aquel día en el que su firma terminó por asegurar que la vivienda era suya. Sin embargo, tantos años después, y luego de haber recorrido tantas veces ese mismo camino para llegar a casa, ya había perdido la emoción, y ahora sólo se dejaba inundar por el molesto tráfico, y aquel viejo semáforo que tardaba una eternidad en cambiar de color.

La calidez de su vecindario lo recibió con una sensación de tranquilidad, se estacionó frente a su casa, se bajó del automóvil y se dirigió hacia la puerta. Al abrir, Dante colocó su abrigo en el perchero que tenía junto a la entrada y dejó sus llaves y su cartera en aquella pequeña mesa que llevaba años sin ser arreglada de una de sus patas.

—¡Ya llegué, mi amor! –gritó Dante hacia el segundo piso, mientras se dirigía a la cocina para beber agua realmente agotado.

—¿Mi amor? –repitió al no escuchar respuesta–. Ya llegué.

Subió las escaleras y el sonido del agua de la regadera lo hizo tranquilizarse. Tocó la puerta del baño y preguntó:

—¿Te estás bañando?

Su esposa Liz, quien era dos años más grande y disfrutaba bañarse en las noches, respondió desde adentro:

—¡Sí, amor! Oye, hay que arreglar la llave del agua caliente.

—Sí, claro –dijo Dante con ironía–. Tuve un excelente día en el trabajo. ¡Gracias por preguntar! Llegué muy bien. Algo cansado, pero bien.

La risa de Liz se escuchó desde la regadera.

—¡Ya no tardo en salir! –respondió.

Minutos más tarde, Dante estaba por preparar la cena, había tenido un día muy productivo y el hambre lo hacía desear un buen platillo sobre la mesa.

—¿En dónde está la mayonesa? –se preguntó a sí mismo–. ¡Amor! ¿Ya no hay ma…?

Pero interrumpió su pregunta al ver que el envase estaba muy cerca del fregadero.

—¡Ya la encontré!

Los pasos de Liz se escucharon cada vez más cerca hasta que entró a la cocina con el cabello húmedo y una toalla en su cabeza.

—Ahora sí, ¿cómo le fue hoy al detective más guapo, trabajador y valiente de la ciudad? –preguntó mientras lo abrazaba y le daba un beso.

—Parece ser que todo bien –rió Dante dándole un beso con mucha ternura–. Te preparé hot-dogs.

—Te noto preocupado, amor. ¿Seguro que todo bien? –preguntó Liz poniendo mucha atención a la respuesta que recibiría.

—Hay algo que no he logrado conectar del último caso –suspiró Dante moviendo el cuello de un lado a otro por la molestia que sentía a causa del estrés.

—¿El del niño desaparecido del orfanato?

—Sí, la familia cercana no tiene mucha información –respondió Dante tomando el plato y sentándose en la silla del comedor. –Hoy me la pasé visitando a sus demás familiares –continuó–, pero nada relevante.

—¿No hay manera de comunicarte directamente con los papás del niño?

—El caso todavía está en una etapa muy temprana. La policía no permite aún que los papás tengan contacto conmigo desde allá adentro.

—¿Y qué hay del orfanato? –dijo Liz–. ¿Por qué no vas directo hacia allá?

––Justo eso haré. Mañana iré a platicar con el Padre Curiel –contestó Dante intentando detener su estrés–. Es sólo que siento que hoy fue un día desperdiciado, y sabes que en esto no puedo estar perdiendo el tiempo así.

—Tranquilo –se acercó para abrazarlo–. Yo sé que lo resolverás. ¿Nos vamos a dormir?

Dante asintió, y luego de lavar los platos, ambos se dirigieron a lavarse los dientes para acostarse y darle fin a ese día.

Durante la noche, Dante alcanzó a reconocer el sonido de la puerta de su habitación abriéndose, y muy adormilado preguntó:

—¿Vas al baño, amor?

La llave del lavabo se abrió y el sonido se escuchó por el pasillo. Hasta que un grito aterrador hizo que Dante se incorporara de la cama.

—¿Qué pasa, amor? –gritó preocupado.

Pero una respiración muy agitada y con mucho miedo se escuchó justo en su oído.

Shhhh, Mi amor, hay alguien afuera. Yo sigo aquí acostada.

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