Autor: Pablo Gracida.
Qué diferente se aprecia la luna esta noche, las estrellas no se encuentran en la misma posición que ayer, y hasta hoy logré darme cuenta que el cielo también sabe sonreír. El viento ligero entra por la ventana de una manera más sigilosa de lo habitual, y no sé por qué tengo la sensación de que las paredes –que tantos recuerdos guardaban de ti– se perciben más livianas en este anochecer. Pareciera que todo está por derrumbarse, pero en realidad ya todo se ha derrumbado, sólo son los escombros que poco a poco comienzan a tomar un nuevo lugar al cual pertenecer, y no, ya no pertenecen aquí adentro.
Hoy reconozco que es más bello sentir que sueltas aquello que te hace daño, a seguir resguardándolo hasta no poder protegerlo más. Pedazos de mi piel se iban cada noche que no podía parar de llorar intentando encontrar una explicación a aquella despedida, e incluso ya puedo ver con mucho más cariño esas cicatrices que tu recuerdo marcó. Qué extrañas formas tomaron esas líneas impregnadas en mí, no pido que todo desaparezca, es sólo que me gusta percibir que ya no duelen a simple vista.
¿Quién diría que los fantasmas del pasado se van de un día para otro? Y sinceramente no extraño nada de ellos, ya no. Luego de la tormenta y el frío eterno que se instaló en mi habitación, hoy comienzo a ver un poco de luz. Aquella vela que mantenía encendida mi esperanza de verte volver, ya se ha consumido totalmente; pero qué sorpresa fue que al apagarse ya había aprendido a ver en la oscuridad, y ahora una luz tenue está alumbrando todo a su alrededor. Nunca hubiera imaginado que yo mismo sería quien comenzaría a brillar poco a poco.
Desconozco si fui yo quien pudo soltar el equipaje que venía cargando desde hace tiempo lleno de recuerdos, o si es el tiempo quien le quita peso a la maleta del presente, ni siquiera sé si es adecuado cargar con esa maleta, por muy vacía que se encuentre ahora. Tantos objetos están tomando nuevas formas, adaptándose a todo lo que está por venir. No dejo de observar que el libro en donde está escrita nuestra historia –ése que parecía que se le habían terminado las páginas para seguir escribiendo– ya tiene más hojas en blanco para continuar, aunque siempre estuvieron ahí, pero seguramente no las quería ver. Perdóname por haber confundido el libro de «mi» vida, con «nuestro» libro. Sólo habías formado parte importante de mí, y aunque sí lo significaste todo en su momento, hoy puedo sonreír y despedirme bien del pasado al que tantas veces le lloré.
Esta noche es tan diferente, la luna sabe muy bien que tu fantasma ha logrado partir de casa. Tu belleza no deja de parecerme irreal, pero hoy sé que puedo vivir sin ti, y que día con día agradeceré todo lo que vivimos, porque no está bien sostener mi mundo en las manos de alguien que tiene todo el derecho de continuar con su vida lejos de mí. Después de todo, aquí sólo se anuncia que luego de la peor noche, sólo queda disfrutar un mejor mañana.
