WALKIE: EL INICIO

Autor: Neverluke.

SINOPSIS:
Al poco tiempo de haber terminado su relación con Sofía, Leo acepta el consejo de su mejor amigo sobre tomarse un necesario descanso para acomodar y reflexionar todo lo que está sucediendo en su vida luego de haber concluido la universidad.
Una cabaña en las afueras de San Buenaventura parece ser el lugar perfecto para encontrarse con una mejor versión de sí mismo. No necesita estar en contacto con el mundo exterior por salud mental.
La señora Aguilar, dueña de esa agradable cabaña, sólo podrá comunicarse con su inquilino mediante un ‘walkie-talkie’. Pronto, Leo descubrirá que no es la única persona con quien puede comunicarse.

CAPÍTULO 9:
¿Sigues aquí?

La puerta del ático era jalada una y otra vez con bastante fuerza por Leo hasta que consiguió abrirla. Aventó las cajas de fotografías, y de un salto dejando el ático abierto, Leo bajó para dirigirse corriendo a la habitación, se encerró y encendió la luz con facilidad notando que el foco estaba de nueva cuenta puesto como si hubieran colocado uno nuevo, incluso el walkie-talkie parecía que ya se había apagado y que no volvería a sonar.

Leo fue disminuyendo poco a poco el ritmo de su respiración, y un ambiente muy distinto se sintió en toda la cabaña.

–¿Qué fue todo eso? ¿Quiénes eran todos esos niños? –se preguntó Leo.

La luz volvía poco a poco a cada habitación y a la planta baja. Se alcanzaba a distinguir el sonido de la corriente eléctrica de vuelta.

–¿Timmy? ¿Timmy? ¿Estás ahí?

Una tranquilidad inmensa se respiraba en la cabaña. Leo se asomó por la ventana y aunque aún era de noche, Sanbuenaventura se observaba con mucha calma. Timmy ya no respondía.

–La cabaña se siente muy diferente –suspiró Leo. –Creo que sólo tengo que entregarle todas estas fotos a la señora Aguilar. Espero que ella sepa qué hacer con ellas –se hablaba a sí mismo. –Creo que ya todo terminó.

Leo continuaba viendo las fotografías poniéndole mucha atención a los rostros de aquellos cientos de niños, algunas de ellas lograban tener la fecha de forma tenue en alguna esquina, pero no alcanzaba a notar en qué clase de lugar habían sido tomadas.

Fueron muchos los intentos fallidos por contactar de vuelta a la señora Aguilar. Aunque Leo agradecía en exceso que la tranquilidad se sintiera en la habitación.

Abrió la puerta, recorrió la cabaña y no encontraba algo diferente a como la encontró cuando él había llegado. Sólo sabía que no quería terminar de pasar la noche en ese lugar.

–¿Timmy? ¿Sigues aquí? –preguntó Leo a través del walkie-talkie.

Ya no se escuchaba nada. El mismo walkie-talkie ni siquiera marcaba la recepción de alguna señal.

Leo lo colocó en el buró, para luego caminar al otro lado de la recámara y bajar las cajas de las fotografías al piso, y dejarlas al pie de la cama.

Un sonido le llamó la atención a Leo. Era la señal del walkie-talkie rompiendo con el silencio una vez más. Volteó a ver el radio, pero ahora una voz infantil provenía debajo de la cama.

–Nunca me voy a ir.

FIN

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