WALKIE: EL INICIO
Autor: Neverluke.
SINOPSIS:
Al poco tiempo de haber terminado su relación con Sofía, Leo acepta el consejo de su mejor amigo sobre tomarse un necesario descanso para acomodar y reflexionar todo lo que está sucediendo en su vida luego de haber concluido la universidad.
Una cabaña en las afueras de San Buenaventura parece ser el lugar perfecto para encontrarse con una mejor versión de sí mismo. No necesita estar en contacto con el mundo exterior por salud mental.
La señora Aguilar, dueña de esa agradable cabaña, sólo podrá comunicarse con su inquilino mediante un ‘walkie-talkie’. Pronto, Leo descubrirá que no es la única persona con quien puede comunicarse.
CAPÍTULO 8:
Corre
La temperatura bajó en extremo, la luz era demasiado tenue pero se alcanzaban a distinguir bastantes figuras, la flama de la vela tintineaba ligeramente. Y a pesar de que Leo se contagiaba de terror durante cada segundo, se animó a buscar más dentro del ático, hasta que un pequeño bulto en el piso le llamó la atención entre toda esa oscuridad.
–Timmy. ¡Timmy! –dijo Leo con demasiado miedo mientras su voz temblaba.
–Estoy aquí –respondió Timmy haciendo sonar el walkie-talkie.
–Lo sé –expresó Leo con respiración sumamente agitada. –Estoy… viendo tu cuerpo –continuó.
El llanto de Timmy resonó en el ático. Leo observaba el cuerpo pálido de un pequeño niño acostado sobre el piso dándole la espalda.
–Tu cuerpo se está moviendo, Timmy –dijo Leo.
–Sólo quiero jugar.
El llanto de Timmy de pronto comenzó a convertirse en risa.
Leo se hizo hacia atrás al ver que el cuerpo se estaba levantando, tropezó con algunos objetos en la oscuridad, mientras sostenía fuertemente el candelabro procurando que no se apagara la flama. Y aquel pequeño cuerpo salió corriendo.
Los pies de Timmy sonaban por todo el lugar, Leo intentó encontrar la puerta en el piso del ático para poder escapar.
–¡Déjame salir! –gritó Leo.
Varios objetos comenzaron a caer. Leo procuraba hacerse a un lado, pero el ruido provenía de muchas partes. Vidrios rompiéndose, cajas cayendo, risas por todos lados y los pies de Timmy que no dejaban de correr.
–Ya están aquí –murmuró Timmy muy cerca de Leo.
–¿Quiénes están…? –preguntó Leo.
–¡Shhh! Leo… Están atrás de ti.
–Pero… no veo a nadie.
Leo observó alrededor alumbrando con el candelabro.
–Sólo tienes que ayudarme a mí, por favor –mencionó Timmy llorando.
–¿Siguen aquí?
–Sí, no los voltees a ver –continuaba Timmy comunicándose a través del walkie-talkie.
–No veo nada.
Leo procuraba alumbrar bien.
–¡No los veas!
–No hay nadie aquí.
La voz de Timmy volvió a sonar muy cerca del oído de Leo. Timmy disfrutaba mucho en ocasiones comunicarse sin hacer uso del walkie-talkie.
–Están en frente de ti.
–No quiero que me hagan daño –expresó Leo asustado. –Sólo bajaré las fotos, Timmy –continuó.
–No te vayas –dijo Timmy haciendo fallar un poco la señal del radio. –No quiero quedarme con ellos.
Leo, cansado en cuclillas, estaba intentando abrir la puerta del ático.
–Leo… no te muevas.
–¿Qué?
–No te muevas –repitió Timmy.
La respiración de Leo se agitó aún más.
–Ellos no pueden hablar –continuó Timmy. –Y se están acercando a ti.
–Pero… no veo a nadie.
–¡Ya saben que estás vivo!
–Timmy… ¡Los estoy viendo a todos!
Niños pequeños estaban alrededor de Leo, observándolo. Todos vestidos de manera idéntica a como los había visto en aquellas fotografías. Miradas muy penetrantes y la ropa desgastada hacía que Leo se quedara inmóvil. Ninguno hacía un mínimo ruido, sólo lo observaban balanceándose de un lado a otro.
–¡Corre! –susurró Timmy.

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