Autor: Pablo Gracida.
Sucede que a veces, sin hacer algo, llenamos simples espacios con nuestra presencia, y pareciera que convertimos ciertos lugares en uno mucho mejor. Así eras tú, tan sólo existías y lograbas llenar cada rincón con un amor incomparable que no he vuelto a sentir. Me gustaba observarte cada mañana al despertar, en algunas ocasiones dormías de manera tan tranquila, y en otras ahí estabas, siendo tú y emocionándote tanto por verme despertar. No sabía hasta hoy la bendición tan enorme que era abrir los ojos y verte a mi lado.
No he encontrado la forma de hacerle ver al mundo lo mucho que significabas para mí, y aunque hay quienes juran comprenderme, yo sé que son sentimientos que sólo tú y yo podíamos entender. ¿Sabes? Tal vez me encuentre un poco tranquilo porque tengo la seguridad de haberte dicho todo lo que eras para mí, siempre me encargué de hacértelo saber cada mañana, noche, o las incontables veces de madrugada en las que me gustaba acercarme a ti y pedirte que no te fueras nunca.
Aún no me he atrevido a realizar el recorrido que juntos hacíamos cada anochecer, en donde sentíamos que el mundo se detenía sólo para nosotros, y podía disfrutar al máximo cada segundo a tu lado. Nunca supe que eran los últimos minutos que viviría contigo esas aventuras, y no me he cansado de quejarme con el cielo por no habernos dejado vivir más tiempo juntos. No estoy molesto porque me hayas dejado; debo confesar que lo estoy con quien sea que esté a cargo de escribir nuestros destinos. Sólo sé que aún no era tiempo.
No sé si fue demasiado pronto para reubicar algunos objetos alrededor, pero espero que me entiendas, el mismo tiempo fue obligándome a hacerlo de una manera muy peculiar y extraña. No he podido encontrarle respuestas a tantas preguntas que no dejo de hacerme, pero también sé que tú harías todo por dármelas y hacer llegar la calma a este diminuto lugar.
He esperado tantas noches alguna señal para saber que estás bien, y aunque todo el tiempo estoy platicando contigo y contándote todo lo que sucede aquí, me gustaría estar seguro de que puedes escucharlo, y que te alegras tanto por verme mejorar día con día, aunque ambos sabemos que cada día te extraño mucho más. No quería perderte. No quería atreverme a vivir esa despedida tan difícil que tuvimos, y que no dejo de reproducir con frecuencia en mi interior.
Sólo quiero asegurarme de que cualquier lugar a donde hayas ido, es mucho mejor. Que ahí luces más feliz que nunca y que jamás olvidarás todo lo que viviste a mi lado, porque aquí no dejado de recordar ni un instante todo lo que pasamos juntos. Perdóname por los malos momentos, y deseo que los buenos hayan sido más que suficientes para que continúes acompañándome por el resto de mis días.
Yo sé que tú sí puedes verme, y perdón por todas las veces que me has visto tan mal extrañándote, pero a mí sólo me quedaron tus fotografías y millones de memorias que que prometo cuidar tanto como te cuidé a ti.
