RESEÑA:
La chica que leía en el metro
(Christine Féret-Fleury)

Reseña por: Pablo Gracida.
SINOPSIS: Si te gusta leer en la tina o por encima de la espalda de tu vecino; dejar el libro en un vagón del metro u ofrecerlo a tu mejor amigo; compartir tus lecturas en familia o con tu pareja; si coleccionas separadores; ejemplares únicos o no te pierdes nunca las últimas novedades… este libro es para ti.
Juliette toma el metro todos los días a la misma hora. Y lo que más disfruta del trayecto es observar a aquellos que leen a su alrededor. La vieja dama, el bibliófilo de rarezas, el estudiante de matemáticas, la joven muchacha que llora en la página 247. Juliette los mira con curiosidad y ternura, como si sus lecturas, sus pasiones, la diversidad de sus vidas pudiesen dar color a la suya, monótona y previsible.
Sin embargo, un día decide bajar dos estaciones antes de lo habitual, tomar un nuevo camino para ir a trabajar, sin saber que su vida estará a un solo paso de cambiar para siempre.
Sucedió algo bastante curioso la primera vez que «intenté» leer este libro. Todas las personas a quienes nos apasiona la lectura y que dedicamos gran parte de nuestro día a leer, tenemos ligeros –y no tan importantes– oscuros secretos que casi nunca dejamos que se ponga ese tema sobre la mesa. Me refiero al hecho de que hay muchísimos libros que están en nuestra lista de «Pendientes por leer», de verdad muchísimos. Pero más allá de ese enorme listado, están los libros que comenzamos a leer y nunca pudimos terminar. Por cualquier razón. Creo que realmente todas de ellas son válidas para dejar un libro a un costado, y que con el tiempo dejamos de considerarlo para continuar leyendo.
He expresado firmemente a través de mi entorno digital, que soy fiel creyente de que los libros saben en qué momento aparecerse en tu vida y —por supuesto— cuándo hacer que tengas la necesidad de leerlos. Es una especie de trato que cualquier fuerza mayor (la de tu conveniencia) sabe el momento preciso en el que necesitas leer un libro. Yo intenté en una ocasión leer La chica que leía en el metro y no comprendía por qué no podía avanzar más del tercer capítulo. Hasta que pocos meses después lo leí y comprendí todo.
La escritora francesa Christine Féret-Fleury comparte en este compendio literario la historia de Juliette, una ávida lectora con un buen trabajo que no tiene mucho que ver con su pasión por leer. Juliette toma diariamente el metro para llegar a trabajar y siempre le llama mucho la atención observar, discretamente, los títulos de los libros que las demás personas van leyendo. Es muy común ver a la gente leer en este transporte subterráneo y admito que yo también pertenezco al grupo de lectores que además se la pasan fijando qué leen los demás.
Un día Juliette decide bajar unas cuadras antes de su destino para disfrutar de una caminata porque llevaba tiempo de sobra, sin saber que éste sería el inicio del más grande de los cambios en su vida. Ella se encuentra con un lugar misterioso, una clase de local en donde viven Zaida, una pequeña niña; y su padre Solimán, un lector empedernido que pasa los días encerrado en su misterioso estudio rodeado de libros. Una persona que realmente ha dejado de percibir la vida externa por estar profundamente adentrado en el mundo de la lectura.
Solimán, luego de algunas confusiones, le comparte a Juliette que es el encargado de dirigir a varios jóvenes que han ido llegando con él como «Pasantes» y que le gusta jugar el papel del destino. Es decir, hace que los libros correctos lleguen a las personas correctas como parte de una supuesta casualidad. Y Juliette toma la decisión de unirse a él, con quien comienza una gran amistad.
Básicamente, el libro relata a modo de crecimiento personal de Juliette, cómo va descubriendo las funciones de la vida y lo significativo que puede ser elegir el libro adecuado. No tiene una gran trama más allá de esto. Es una historia muy simple para quienes realmente son lectores. Y creo que se percibe muy bien que es más el significado personal que tiene el hilo y los personajes para la escritora. Seguro la narrativa está rodeada de elementos personales muy especiales para ella.
Conocerás personajes como el hombre del sombrero verde, la anciana que goza de leer un libro de recetas italianas, la tierna muchacha que siempre llora al leer, y la pequeña mágica Zaida —¡de verdad es una maravilla de personaje!—. Debo reconocer ampliamente que el libro está lleno de frases fantásticas sobre lo que puede significar la lectura para quienes leer es el alimento de nuestra alma. Aunque siento, culpablemente, que la sinopsis va un poco más allá de lo que realmente es la historia. Pero sé que podrás disfrutarla si encuentras tu reflejo en algún fascinante personaje, aquellos que acompañan, tal vez sin saberlo, a La chica que leía en el metro.
