Autor: Pablo Gracida.
Escucho claramente la lluvia caer, ese sonido tan nítido y suave que algunas mentes agradecen y ocupan para su tranquilidad. Qué alivio deben sentir aquellos cuerpos que se llevan bien con las lluvias externas, o esas tempestades que hacen naufragar a unos cuantos. Una sensación en la que cada gota que cae se lleva consigo las adversidades, las preocupaciones y cualquier tipo de palabra que sea escrita en la lista de lo negativo. Sentir que todo se aleja poco a poco; que va recorriendo tu piel hasta desaparecer por completo, aislándose con el sonido que generan las lágrimas del cielo.
Es todo un proceso ver cómo las nubes se preparan para dejar ir lo que es parte de su ciclo. Poco he aprendido a apreciar la forma en la que el cielo anuncia lo que está por venir. La vida me ha enseñado a comprender que así funcionamos también nosotros, que es necesario soltar lo que venimos cargando y lo que nos ha llenado de aflicciones con el paso del tiempo. Aunque a veces quisiera que fuera tan fácil, de un día a otro, comenzar a enfocarse en lo positivo, cuando la vida misma se ha encargado de hacerte ver que muy pocas cosas están saliendo bien. O al menos como lo esperabas.
¿Será que también llega un momento en el que, eventualmente, dejamos salir aquello que nos pesa y que, igual que al pasar una lluvia, todo comienza a mejorar? Es complicado atravesar los amaneceres pidiendo que sea un buen día, pero que al llegar a su término, regreses a tu almohada a pelear —una noche más— la batalla de no sentirse suficiente. Comprendo que todos nos debilitamos de vez en cuando, pero frustra no ver salir el sol a pesar de que poco a poco has aprendido a volver sonreír. Das de nueva cuenta una oportunidad de ver todo más positivo, y pareciera que estás pidiendo que todo vuelva a desmoronarse por completo.
Nos han enseñado que las lluvias son buenas, que los días grises no son tan malos como se pintan, pero creo que muy pocas veces nos han enseñado que cuando el cielo hace llover en exceso, ahoga a su paso lo que ha estado preparando para su mejora. ¿Cómo sales con vida luego de estar bajo la tempestad por tanto tiempo?
Cada uno de nosotros alguna vez ha experimentado el hiriente proceso de llegar a un punto máximo de carga y romperse, como nube negra que sabes que en cualquier momento explotará contra lo que hay debajo. Quiero suponer —tal vez erróneamente— que esa es la razón por la que hay quienes disfrutan más los días lluviosos. O quienes aprovechan para dejar ir un poco de lo que los ha estado atormentado desde hace tiempo. No sé de qué lado me encuentro, pero espero nunca tener que decidirlo.
Por lo mientras, mis lágrimas se refugian con el sonido tenue de la lluvia que dejo entrar por mi ventana casi siempre abierta. Ojalá también pudiera tener la opción de cerrar mi mente cuando sé que está por llegar la batalla interna que no me deja dormir. Y agradecería que mi único rescate no fuera perder ante el cansancio de llorar.
